Seguramente hayas oído hablar de los estigmas y los estigmatizados con las llagas de la Pasión de Jesucristo.

Y quizás también hayas oído hablar de la devoción “Llama de Amor”.

La cual es  especialmente poderosa durante la Cuaresma.

Pero ¿alguna vez has oído hablar de “estigmas de fuego” o “incendios de amor”?

Por extraño que pueda parecer, se sabe de santos y místicos que los tuvieron a través de las épocas.
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Son intensos calores reales y a veces fuegos claramente visibles estallaban en sus cuerpos.

Es similar a como la sangre aparece en las heridas de los estigmas habituales.

Pero también hay casos en que sus cuerpos también experimentaban temperaturas interiores ardientes.

Científicamente lo llaman “termogénesis” mística.

Wikipedia define así la termogénesis:

“La termogénesis (del griego: termo temperatura, génesis: inicio) es la capacidad de generar calor en el organismo debido a las reacciones metabólicas

Y agrega:

“esta liberación de calor tiene como efecto un aumento de la temperatura en los tejidos cercanos, no obstante el cuerpo humano posee unos mecanismos para la disipación que contrarrestan estos efectos termogénicos”.

Esto parece suceder a místicos que se inflaman de amor por Jesús y llegan a arder literalmente, porque el fuego es tan intenso que los mecanismos de disipación del calor aparentemente no lo pueden regulan efectivamente.

 

GRADOS DE LOS INCENDIOS DE AMOR

Los incendios de amor son un hecho comprobado en la vida de varios santos.

En los que el amor hacia Dios se manifiesta algunas veces hacia el exterior bajo la forma de fuego que quema, incluso materialmente, la carne y la ropa cercana al corazón.

Un autor, Larry E. Arnold, escribió un libro que se llama “Ardiendo”.

Entre una miríada de casos, cita ejemplos históricos de santos católicos que han experimentado esta supuesta manifestación.

Parecían especialmente frecuentes en los siglos XVI y XVII.

Algunos se dice que estaban tan energizados con el amor santo que

“en el clima más frío de invierno se quitaban sus prendas de vestir por hallarlas insoportablemente calientes, con las ventanas abiertas para tomar aire gélido, y enfriar sus cuerpos”.

Esta manifestación se produce en grados diversos:

 

SIMPLE CALOR INTENSO

Es un extraordinario calor del corazón que se dilata.

Este calor se expande a todo el organismo.

Es clásico el episodio de la vida de san Wenceslao, duque de Bohemia.

De noche visitaba la iglesia con los pies descalzos.

Mientras que al siervo que le acompañaba le recomendaba meter los pies en los zapatos que él dejaba para no congelarse.

 

ARDORES INTENSISIMOS

El fuego del amor divino puede llegar a tal intensidad que a veces es necesario recurrir a refrigerantes para poderlo soportar.

Se cuenta de san Estanislao de Kotska, en que era tan fuerte el fuego que lo consumía, que en pleno invierno era necesario aplicarle sobre el pecho paños empapados de agua helada.

Mientras que Santa Caterina de Génova no podía acercar su mano al corazón sin experimentar un calor intolerable.

 

QUEMADURA MATERIAL

Es cuando el fuego del amor llega a producir incandescencias, y las quemaduras se realizan plenamente.

Es lo que se llama a pleno título incendios de amor.

El corazón de san Pablo de la Cruz, fundador de los pasionistas, ardía de tal manera, que más de una vez su túnica de lana aparecía completamente quemada en la parte del corazón.

El beato Nicolás Factor, religioso franciscano, incapaz de soportar el fuego que ardía en su corazón, se echaba un vaso de agua helada en pleno invierno.

Consta en su proceso de beatificación que el agua inmediatamente se evaporaba.

Existe sin duda una estrecha relación entre el amor y el fuego producido.

Cuando nos quemamos con el amor en la tierra, al parecer esto disminuye lo que necesitamos “quemar” en ese estado intermedio llamado purgatorio.

Ana Catalina Emmerich

 

MÁS CASOS

Durante sus éxtasis, las manos del Venerable Osola Benincasa (fallecida en 1618) llegaron a ser tan calientes que – se decía – el agua hervía y se evaporaba en el recipiente en que ella se sumergía para refrescarse.

A veces, se decía que un humo blanco, de vapor de agua, surgía de su garganta.

Santa Catalina de Génova (que murió en la misma época – 1655) exhibió tanto estigmas regulares como incendium amoris.

Las erupciones de los “fenómenos de calor extraordinarios” se dice que la atormentaban, con un humo blanco saliendo también de su garganta, como si ascendiera desde un brasero encendido en su interior.

Tan puro y “caliente” era el gran amor que Santa Catalina tenía, que su cadáver estuvo caliente durante varios días después de que su corazón dejó de latir (una imposibilidad médica por supuesto).

Por otra parte, el interior caliente de una monja Dominicana llamada María Villani asombraba a los testigos en Nápoles.

Afirmaban que podían escuchar “un silbido como el de agua que cae en una hoja de hierro al rojo vivo”.

Esto sucedía cuando ella bebía agua.

Ella estaba consumida “por una llama casi insoportable de amor”.

Después de la comunión, la cara de una mística, la Venerable Serafina di Deo, podía brillar con una llama de color rojo, mientras que sus ojos parecían consumidos por el fuego.

Difícil de creer. Pero demasiados casos para ignorar.

Hubo una monja franciscana, señala Arnold, de cuya herida emanaba sangre caliente.

En 1798, se informó que una cruz de tres pulgadas espontáneamente consumía la carne de Ana Catalina Emmerich, y su piel mostraba ampollas y rezumaba un fluido extraordinariamente caliente e incoloro.

De una abadesa designada como Venerable, la Madre Beatrice María de Jesús, se dijo cuando estaba en un estado de éxtasis arrojaba cenizas.

Gemma Galgani

 

TAMBIÉN ESTÁ EL CASO DE GEMMA GALGANI

En la biografía de Gemma Galgani ella menciona que María le dijo

“Jesús, mi Hijo, te quiere mucho, y desea darte una gracia. ¿Queréis saber cómo llegar a ser digno de ella?”

Y después de decir esto Ella abrió su manto y la cubrió con él.

Esto sucedió en la tarde del 8 de junio de 1899, cuando de repente sintió un fuerte dolor interno por sus pecados

Entonces Jesús se apareció

“tenía todas las heridas abiertas, pero de aquellas heridas ya no salía sangre, salían como unas llamas de fuego, que tocaron mis manos, mis pies, mi corazón. Me sentí morir…” (De la Autobiografía de Santa Gemma Galgani)

Isabel Kindelmann

 

LA LLAMA DE AMOR

En los mensajes aprobados por la Iglesia recibidos por Elizabeth Kindelmann, una estigmatizada “alma víctima” de Budapest, esto está institucionalizado.

Ella recibió la devoción de lo que ahora se llama la “Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María”.

Jesús le dijo:

“Renuncia a ti misma, porque tenemos una gran misión para ti.

Sólo podrás hacerlo si renuncias por completo a ti misma. Tú eres libre de elegir. Lo vas a lograr sólo si lo quieres”.

Y la Virgen María supuestamente le dijo:

“Toma esta Llama… Es la Llama de Amor de mi amor.

Enciende tu propio corazón con ella y transmítela a los demás”

“Esta Llama llena de bendiciones que brotan de mi Inmaculado Corazón y que te estoy dando debe ir de corazón a corazón”.

Y agregó María, supuestamente.

“Va a ser el gran milagro de la luz cegadora de satanás.

Es el fuego del amor y la concordia.

Obtuve esta gracia en tu nombre del Padre Eterno, en virtud de las cinco sagradas heridas de mi Divino Hijo”.

Esta mística de Hungría afirmaba que el Señor le dijo que ayunara los lunes

“con pan y agua al referirse a la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María era entregada al alma de un sacerdote del purgatorio.

Además, el que sigue a esa receta recibirá la gracia, en la octava después de su muerte, para ser liberado de purgatorio por mi madre”.

Fuentes:

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  • Carlos

    IMPRESIONANTE. Y a veces creemos que sabemos algo de Dios. No tenemos ni idea lo que, si Dios quiere, vamos a ver en el Cielo.