Cuarenta días después de su resurrección, Jesús ascendió al cielo.

Su ascensión no quiere decir que el cielo sea un lugar en el espacio. 

Esta era una manera de dejar claro que se iba del actual modo de existencia. 

La ascensión de Cristo es extremadamente importante para los cristianos, ya que muestra la divinidad de Cristo.
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Ahora Él está sentado a la diestra del Padre, lo que significa que, como dijo, “todo el poder le ha sido dado en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18).

Leer también

Jesús ascendió a recibir la gloria debida a Él como vencedor del pecado y de la muerte (Filipenses 2: 8-11).
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Para ser nuestro mediador y abogado ante el Padre (Hebreos 9:24).
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Enviar al Espíritu Santo como lo había prometido en la última Cena (Juan 16: 7).
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Y para preparar un lugar para nosotros como lo prometió (Juan 14: 2).

Y San Pablo, en Colosenses 3: 1 nos insta a vivir nuestras vidas ahora como si ya hubiéramos muerto, hubiéramos resucitado y ascendido con él.

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EL ITINERARIO DE JESÚS LUEGO DE LA RESURRECCIÓN

Después de que Jesús se levantó de los muertos, “se presentó vivo” a las mujeres cerca de la tumba, a sus discípulos, y a más de 500.

En los días siguientes de su resurrección, Jesús enseñó a sus discípulos acerca del reino de Dios.

Cuarenta días después de la resurrección, Jesús y sus discípulos se fueron al Monte de los Olivos, cerca de Jerusalén.

Allí, Jesús prometió a sus seguidores que pronto recibirían el Espíritu Santo, y les dio instrucciones de permanecer en Jerusalén hasta que había llegado el Espíritu.

Está claro en la Escritura que la ascensión de Jesús fue un retorno literal, y corporal al cielo.

Se levantó de la tierra poco a poco y de forma visible, observado por muchos espectadores.

Cuando los discípulos tomaron una última mirada de Jesús, una nube lo ocultó de su vista, y aparecieron dos ángeles que prometieron el regreso de Cristo “en la misma forma que han lo visto alejarse” (Hechos 1:11).

La ascensión de Jesús ocurrió en el Monte de los Olivos, cerca del lugar donde se había retirado a orar antes de la pasión con el fin de permanecer en profunda unión con el Padre, lo que sugiere una vez más, que la oración nos da la gracia de ser fieles al plan de Dios.

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COMO DESCRIBEN LOS EVANGELIOS LA ASCENSIÓN

Al final de su Evangelio, San Lucas nos da una descripción muy concisa del evento de la Ascensión.

“Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo.  

Y, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.

Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo.

Y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios”.(Lc 24: 50-53).

Hay dos puntos interesantes en este pasaje.

En primer lugar, durante la Ascensión Jesús hizo el gesto de la bendición sacerdotal.
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Y los discípulos se mostraron sin duda su fe con su postración, se arrodillaron con la cabeza inclinada.

Jesús así, es el Sumo Sacerdote eterno que con su pasión pasó por la muerte, resucitó y ascendió al cielo.

Él está con Dios el Padre donde intercede para siempre en nuestro favor.

En segundo lugar: San Lucas dice que después de haber visto a Jesús ascender al cielo, los apóstoles volvieron a Jerusalén “con gran alegría”.

Y esto es porque con la mirada de la fe entienden que a pesar de que se ha ido de su vista,

Jesús se queda con ellos para siempre, que no los abandona y ahora en la gloria del Padre, los apoya, los guía e intercede por ellos.

San Lucas también relata el caso de la Ascensión – al comienzo de los Hechos de los Apóstoles – y hacer hincapié en que este evento es como el eslabón de la cadena que conecta la vida terrenal de Jesús a la vida de la Iglesia.

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EL SIGNIFICADO DE LA ASCENSIÓN

La Ascensión de Jesucristo es significativa por varias razones:

1) Marcó el final de su ministerio terrenal. Dios el Padre había enviado con amor a su Hijo al mundo en Belén, y ahora el Hijo vuelve al Padre. El plazo de prescripción humana había llegado a su fin.

2) Significó el éxito en su obra terrenal. Todo lo que había venido a hacer, lo había logrado.

3) Se marcó el regreso de su gloria celestial. La gloria de Jesús había sido velada durante su estancia en la tierra, con una breve excepción en la Transfiguración.

4) Simbolizó su exaltación por el Padre. Aquel con quien el Padre se complace, fue recibido arriba en honor y se le dio un nombre sobre todo nombre.

5) Se le permitió a preparar un lugar para nosotros.

6) Indica el comienzo de su nuevo trabajo como Sumo Sacerdote y Mediador del nuevo pacto ( Hebreos 9:15 .)

7) Estableció el patrón para su regreso. Cuando Jesús venga a establecer el Reino, Él volverá tal como lo dejó, literalmente, corporal y visible en las nubes

8) En la actualidad, el Señor Jesús está en el cielo. Las Escrituras con frecuencia lo imaginan a la diestra del Padre, una posición de honor y autoridad.

Cristo es la Cabeza de la Iglesia, el dador de los dones espirituales  y el que lo llena todo en todos y en la eucaristía.

capilla de la ascensión

Capilla de la Ascensión

 

INSTITUCIÓN DE LA FIESTA

Desde el siglo cuarto, por lo menos, los peregrinos sitúan el hecho en un determinado lugar sagrado.

A mediados del siglo IV empiezan a salir testimonios por los peregrinos, de su existencia.

San Juan Crisóstomo (+405), habla de ella como una fiesta universal.

Otro tanto ocurre con Gregorio de Nisa.

El escritor Sócrates, a principios del siglo V, narra que la fiesta es celebrada en un barrio de Constantinopla, con mucha concurrencia de pueblo.

De ciertas homilías de san Juan Crisóstomo y de Gregorio de Nisa, que tienen por objeto la Ascensión el día cuarenta, parece deducirse que a finales del siglo cuarto, en las Iglesias de Antioquía y de Nisa se abre camino una fiesta autónoma de la Ascensión.

El concilio de Elvira, cerca de Granada, a principios del siglo cuarto, y el de Nicea, en el 325, contienen expresiones que dan a entender un movimiento para individualizar los cuarenta días.

En Roma, a mitad del siglo quinto, la Ascensión ya llevaba tiempo celebrándose el día cuadragésimo.

Así, el hecho de la autonomía de la fiesta de la Ascensión es un fenómeno que se va produciendo entre finales del siglo cuarto y el quinto.

La celebración de la fiesta, según el relato de la peregrina Egeria tiene lugar inmediatamente después de sexta.

Todo los cristianos suben al monte Olivete, esto es, a la Eleona, de modo que ningún cristiano queda en la ciudad.

Al llegar “al monte Olivete, esto es, a la Eleona, primero se va al Imbomón, esto es, al lugar de donde el Señor subió a los cielos, y allí se asientan el obispo, los presbíteros y todo el pueblo ….”

La iglesia octogonal de la que después hablan los peregrinos y varios autores, fue construida por Poemia, noble dama emparentada con el emperador Teodosio.

 

QUE DICEN LOS PADRES DE LA IGLESIA

 

San León Magno

“Así como en la solemnidad de Pascua la Resurrección del Señor fue para nosotros causa de alegría, así también ahora su Ascensión al cielo nos es un nuevo motivo de gozo.

Al recordar y celebrar litúrgicamente el día en que la pequeñez de nuestra naturaleza fue elevada, en Cristo, por encima de todos los ejércitos celestiales, de todas las categorías de ángeles, de toda la sublimidad de las potestades, hasta compartir el trono de Dios Padre”.

 

San Gregorio de Nisa

“Cristo, el primogénito de entre los muertos, quien con su resurrección ha destruido la muerte.

Quien mediante la reconciliación y el soplo de su Espíritu ha hecho de nosotros nuevas criaturas, dice hoy: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.

¡Oh mensaje lleno de felicidad y de hermosura!

El que por nosotros se hizo hombre, siendo el Hijo único, quiere hacernos hermanos suyos y, para ello, hace llegar hasta el Padre verdadero su propia humanidad, llevando en ella consigo a todos los de su misma raza”.

 

San Cirilo de Alejandría

“El Señor sabía que muchas de sus moradas ya estaban preparadas y esperaban la llegada de los amigos de Dios.

Por esto, da otro motivo a su partida: preparar el camino para nuestra ascensión hacia estos lugares del Cielo, abriendo el camino, que antes era intransitable para nosotros.

Porque el Cielo estaba cerrado a los hombres y ningún ser creado había penetrado nunca en este dominio santísimo de los ángeles.

Es Cristo quien inaugura para nosotros este sendero hacia las alturas. Ofreciéndose Él mismo a Dios Padre como primicia de los que duermen el sueño de la muerte, permite a la carne mortal subir al cielo.

Él fue el primer hombre que penetra en las moradas celestiales…

Así, pues, Nuestro Señor Jesucristo inaugura para nosotros este camino nuevo y vivo: “ha inaugurado para nosotros un camino nuevo y vivo a través del velo de su carne” (Heb 10,20)”.

 

San Gregorio Magno

“El Señor arrastró cautivos cuando subió a los cielos, porque con su poder trocó en incorrupción nuestra corrupción.

Repartió sus dones, porque enviando desde arriba al Espíritu Santo, a unos les dio palabras de sabiduría, a otros de ciencia, a otros la gracia de los milagros, a otros la de curar, a otros la de interpretar.

En cuanto Nuestro Señor subió a los cielos, su Santa Iglesia desafió al mundo y, confortada con su Ascensión, predicó abiertamente lo que creía a ocultas”.

 

QUE DICE EL CATECISMO DE LA IGLESIA

“Jesucristo subió a los Cielos, y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso”

 

659: Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al Cielo y se sentó a la diestra de Dios” (Mc 16,19).

El cuerpo de Cristo fue glorificado desde el instante de su Resurrección, como lo prueban las propiedades nuevas y sobrenaturales, de las que desde entonces su cuerpo disfruta para siempre.

Pero durante los cuarenta días en los que él come y bebe familiarmente con sus discípulos y les instruye sobre el Reino, su gloria aún queda velada bajo los rasgos de una humanidad ordinaria.

La última aparición de Jesús termina con la entrada irreversible de su humanidad en la gloria divina simbolizada por la nube y por el cielo donde él se sienta para siempre a la derecha de Dios.

Sólo de manera completamente excepcional y única, se muestra a Pablo “como un abortivo” (1Cor 15,8) en una última aparición que constituye a éste en apóstol.

 

661: Esta última etapa permanece estrechamente unida a la primera, es decir, a la bajada desde el Cielo realizada en la Encarnación.

Sólo el que “salió del Padre” puede “volver al Padre”: Cristo.

“Nadie ha subido al Cielo sino el que bajó del Cielo, el Hijo del hombre” (Jn 3,13).

Dejada a sus fuerzas naturales, la humanidad no tiene acceso a la “Casa del Padre” (Jn 14,2), a la vida y a la felicidad de Dios.

Sólo Cristo ha podido abrir este acceso al hombre, “ha querido precedernos como Cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino”.

 

662: En el Cielo, Cristo ejerce permanentemente su sacerdocio.

“De ahí que pueda salvar perfectamente a los que por él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor” (Heb 7,25).

 

663: “Por derecha del Padre entendemos la gloria y el honor de la divinidad, donde el que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos, como Dios y consubstancial al Padre, está sentado corporalmente después de que se encarnó y de que su carne fue glorificada”.

 

664: Sentarse a la derecha del Padre significa la inauguración del reino del Mesías…

A partir de este momento, los Apóstoles se convirtieron en los testigos del “Reino que no tendrá fin”.

 

665: La Ascensión de Jesucristo marca la entrada definitiva de la humanidad de Jesús en el dominio celestial de Dios de donde ha de volver (cf Hch 1, 11), aunque mientras tanto lo esconde a los ojos de los hombres (cf Col 3, 3).

 

666: Jesucristo, cabeza de la Iglesia, nos precede en el Reino glorioso del Padre para que nosotros, miembros de su cuerpo, vivamos en la esperanza de estar un día con él eternamente.

 

667: Jesucristo, habiendo entrado una vez por todas en el santuario del cielo, intercede sin cesar por nosotros como el mediador que nos asegura permanentemente la efusión del Espíritu Santo.
668: La Ascensión de Cristo al Cielo significa su participación, en su humanidad, en el poder y en la autoridad de Dios mismo. Jesucristo es Señor: posee todo poder en los cielos y en la tierra.

Él está “por encima de todo Principado, Potestad, Virtud, Dominación” porque el Padre “bajo sus pies sometió todas las cosas” (Ef 1,20-22). Cristo es el Señor del cosmos y de la historia.

En él, la historia de la humanidad e incluso toda la Creación encuentran su recapitulación, su cumplimiento trascendente.

Fuentes:

 

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