El culto a la Virgen de la Paz data del siglo XI.

El origen de su veneración se produjo cuando la aparición de la Virgen a una pastorcilla.

En un paraje de la entonces aldea de Fuentidueña, hoy situado en El Soto de la Moraleja, en el término municipal de Alcobendas.

Posteriormente el 25 de enero de 1677 se produjo en Alcobendas el Milagro del Vino, que ratificó esa fecha de festejo.
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De una tinaja de vino se consumió durante muchos días y todavía queda llena, de lo cual a docenas de testigos que firmaron el acta.

Alcobendas es una ciudad y municipio español, perteneciente a la Comunidad Autónoma de Madrid, situado a 13 km al norte de la capital.

 

LA APARICIÓN

Según esta antiquísima y constante tradición, una imagen de la Virgen fue aparecida o hallada en una higuera por una pastorcilla manca que apacentaba un rebaño de ovejas en Fuentiduña, y aquélla dijo a ésta que fuese al pueblo para dar noticia del hallazgo.

Pero como observase a la pastorcilla turbada, mandóla ir a su casa para que su madre la entregara un pan de los muchos que tenía en un arca, a lo que la pastorcilla replicó que no podría dárselo porque cuando había salido de su casa no lo había, a lo que la Virgen replicó diciéndole:

“Pues yo sé que tu madre tiene un arca llena de pan, y para que creas lo que te digo, tira un canto con la mano que tienes manca”.

La pastorcilla fue y quedó asombrada al ver que su mano manca estaba sanada.
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Por lo que corrió al pueblo a dar cuenta de todo lo ocurrido y ver si era cierto que su madre tenía el arca llena de pan.
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De lo que se convenció, así como de que se había llenado milagrosamente.

Se desconoce cuando se produjo la aparición, que bien podría situarse durante el reinado de Alfonso VI, tras la reconquista de la zona.

Época a la que corresponden las apariciones de otras imágenes marianas en Madrid: las de la Virgen de Atocha y de la Almudena.

Si se corresponde a la tradición de apariciones milagrosas de imágenes que habían sido ocultadas por los cristianos durante la dominación musulmana no tenemos constancia al no conservarse la imagen primitiva.

Y sí concordancia con aquellas otras apariciones con las que guarda cierto parangón tanto en el modo de producirse como en la forma de la imagen de la que alguna noticia existe pese a su desaparición en un incendio: de madera y estilo bizantino, conocidas por ello como “Vírgenes Negras”.

Al respecto el insigne cronista alcobendense Francisco García Calatrava manifestaba que era de madera antigua, al parecer de tilo, sentada sobre una silla, como todas las de su época, al parecer bizantina.

En uno de los libros de la Fábrica del Archivo Diocesano de Madrid, del siglo XVIII, se recogía una tradición y creencia sobre su origen oriental: “… créese también y como tal lo refiere la tradición, que fue hecha por Nicodemus y pintada por San Lucas”.

 

LA ERMITA

Tampoco se conoce cuando se construyó la ermita en la que comenzó a darse culto a la imagen, si fue de construcción posterior o anterior a la aparición.

Aunque en la ermita actual, en la peana de una cruz de piedra berroqueña colocada frente a la puerta principal se encuentra grabado el año de 1110 en una inscripción borrosa por la erosión, que García Calatrava, en el siglo XIX, descifraba del siguiente modo: “A la Virgen de la Paz, Julián de Castro regaló esta cruz en 1110 “.

ermita de la virgen de la paz de alcobendas

Sobre la autenticidad o veracidad de tal fecha caben varias posibilidades.

Existe concordancia entre el inicio de la advocación de “Virgen de la Paz “ y el año de la inscripción, pues tal advocación mariana parte del año 1087, cuando tras la conquista de Toledo por Alfonso VI, éste había pactado y ordenado la conservación de las mezquitas y permitido la libre profesión religiosa.

Pero la reina Doña Constanza y el Arzobispo Don Rodrigo, con un escuadrón de soldados, asaltaron la principal mezquita toledana (ubicada en el solar de la actual Catedral), y quitaron de ella cuanto había perteneciente a la religión mahometana.

Tan pronto como el rey hubo conocido el suceso quiso depurar responsabilidades por haberse incumplido la concordia pactada, temeroso de la posible levantisca actitud de revancha musulmana.

Pero ello no acaeció así, sino que los moros instaron a su alfaquí para que suplicase al rey clemencia para los profanadores, accediendo a que la mezquita quedara para los cristianos como Catedral, como así lo hizo.

En recuerdo de este hecho notable de concordia y “paz” entre las gentes de diferentes credo y raza se instauró el culto mariano bajo la advocación de ” la paz” en la fecha de su ocurrencia, el 25 de Octubre.

Sabido es que en el reino de Toledo, en el que se encontraba Alcobendas, durante la dominación musulmana convivieron en ejemplar armónica coexistencia las llamadas gentes del libro: musulmanes, cristianos y judíos, manteniendo cada una de las religiones sus cultos y templos.

Aquellos cristianos, llamados mozárabes, bien podrían haber construido una ermita o iglesia en aquel paraje del poblado de Fuentidueña en tiempos anteriores a la reconquista de la zona en el 1085, o, por contra, bien pudiera haber existido en el lugar una mezquita, pues sabidas son las reconversiones de cultos que a lo largo de la Historia de España se han llevado a cabo en un mismo lugar.

Volviendo al año de 1110 de la inscripción de la cruz berroqueña, surge la duda sobre si su impresión fue coetánea o posterior a él.

Dato importante a considerar, pues si de inscripción coetánea se tratara habría de tenerse en cuenta que, por aquel entonces, y hasta las Cortes de Segovia de 1383, en Castilla regía el cómputo cronológico de la “era hispánica”, no coincidente con el hoy asumido cómputo de la “era cristiana”, por lo que estando antedatado el cómputo anual en treinta y ocho años por aquella era, tendríamos que el año 1110 de la era hipánica se correspondería al año 1072 de la era cristiana.

Teniendo en cuenta que todas las fechas de la reconquista madrileña que han sido consignadas hasta ahora lo han sido conforme al cómputo de la era cristiana, tendríamos como resultado que la datación de la cruz de la ermita provendría nada menos que de trece años antes de la conquista de Madrid y de su alfoz por las tropas cristianas, lo que confirmaría la existencia de un enclave mozárabe en el lugar de la actual ermita.

Por contra, no cuadraría la advocación a la Virgen de la Paz al ser ésta posterior en el tiempo, como hemos visto anteriormente.

Las hipótesis y datos apuntados inducen a pensar que, o bien se trata de un error en la consignación del año en la cruz de la ermita, o bien que, por el transcurso del tiempo y su inexorable erosión se haya modificado un cuatro de la fecha haciéndonos ver un uno en lo que hubiera sido aquel guarismo, con lo que nos encontraríamos con una datación referida al 1140 ó 1410, años en los que sí concurrirían las circunstancias objetivas necesarias.

Como hemos visto anteriormente, la advocación mariana proviene del año 1087, con lo que el título de “Virgen de la Paz” dado a la imagen aparecida en Fuentidueña sería coetáneo o posterior a dicha fecha.







Como se sabe, al igual que en Toledo, Madrid y su alfoz fueron objeto de una reconquista pacífica, tras la que convivieron, en paz y armonía, cristianos y musulmanes, y nada sería de extrañar que en conmemoración del hecho se acogiera tal título emulando los motivos que dieron lugar a la titulación mariana instaurada en Toledo donde, por cierto, ya estaba asentada la jerarquía eclesiástica.

En 1605 el Papa Paulo V expidió en Roma una bula concediendo varias indulgencias a los cofrades de la Cofradía de María Santísima de la Paz y a aquellos fieles cristianos que, confesados y comulgados visitaren en adelante la ermita de la Virgen de la Paz.

 

LA FECHA DEL 24 DE ENERO

En cuanto a la fecha del 24 de Enero en la que se celebra la aparición de la Virgen, la tradición la ha mantenido inamovible desde aquellos primeros días hasta los actuales, sin que pueda saberse si el milagro acaeció, o no, en tal efemérides.

fista de la virgen de la paz de alcobendas

Sí es un hecho coincidente que tal día celebre la Iglesia el día de San Ildefonso, antiguamente celebrado como “Descensión de Nuestra Señora”, conmemorando el milagro acaecido en Toledo en el año 666, cuando a aquel, arzobispo de la capital del reino visigodo, y autor de un libro escrito en defensa de la virginidad de la Virgen, se le apareció la Madre de Dios y le regaló una casulla hecha por los ángeles.

Milagro narrado por Gonzalo de Berceo y harto reproducido en la Catedral toledana.

En todo el Arzobispado de Toledo, además, se celebra tal día como el de “Nuestra Señora de la Paz” en recuerdo de los hechos acaecidos en 1087, aunque, según las crónicas en fecha distinta, el 25 de Octubre.

En el siglo XVI, en las relaciones hechas por encargo del rey Felipe II, unos vecinos de San Sebastián de los Reyes manifestaban que

“… se guarda la fiesta de la Descensión de Nuestra Señora cuando bajó a poner la casulla a San Elifonso, que cae a veinte e cuatro de enero de cada un año, que por otro nombre se llama Nuestra Señora de la Paz”.

Otra tradición mantenida es la del culto que profesaba San Isidro a la Virgen de la Paz. Se cuenta que allá por el año 1130, en que labraba unas tierras de Caraquiz, situadas entre Talamanca y Torrelaguna, pertenecientes a su esposa Santa María de la Cabeza, de regreso a Madrid, visitaba la ermita de Fuentidueña y oraba ante la imagen de la Virgen; así lo narraba José Aguado, quien fuera presbítero en Alcobendas.

La Virgen de la Paz es elegida patrona de Alcobendas por un acuerdo del concejo de 1644 y a partir de ese momento se crea un vínculo muy especial con el lugar donde estaba instalada la Ermita.
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La Cofradía de la Virgen, creada en el año 1558 pone en práctica la celebración de la fiesta anual el día 24 de enero a raíz del Milagro del vino ocurrido en 1677 en la casa Juan Perdiguero, prioste y vecino de Alcobendas.

milagro de la multiplicacion del vino de alcobendas

 

EL MILAGRO DE LA MULTIPLICACIÓN DEL VINO DE ALCOBENDAS

En 1677, el día posterior a la celebración de la fiesta de la Virgen de la Paz de Alcobendas, se produjo el milagro de la multiplicación del vino en la casa de Juan Perdiguero.

Este milagro ratificó la fecha del 24 de enero como de celebración de la Virgen de la Paz de Alcobendas.

El hecho sucedió en casa de uno de los priostes quien había dispuesto para la celebración de la fiesta, de la citada Virgen, de una tinajilla de vino que se había ido gastando en días anteriores pero que en la mañana del día 25 de enero la tinajilla seguía llena y que de la misma se seguía sacando vino sin que mermara el contenido.
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Corrió la voz y se informó al párroco para que ante notario o escribano se diera fe de ello, mediante juramento, por parte de 29 testigos.

Realizadas las comparecencias, autos, memorial, decreto e informe, se redactan los pareceres de las autoridades eclesiásticas y así, en la ciudad de Toledo el día 10 del mes de Abril de 1677 se declara por Milagro el prodigio ocurrido en la Villa de Alcobendas.

Se mandó publicar en la Iglesia Parroquial y a través de los despachos necesarios quedando el texto original redactado en Toledo.

La copia fechada el día 11 de Abril de 1794, firmada por el Secretario del Ayuntamiento de entonces, don Félix Sanz Palomares quedó en el Archivo Municipal y esa copia es la que ponemos a disposición de todos los ciudadanos de Alcobendas que quieran consultarla a través de las imágenes del documento completo recogidas en la “web” institucional.

En el Archivo Parroquial de la Parroquia de San Pedro Apóstol de Alcobendas existe este documento de incalculable valor histórico.

Lo que sigue es el documento notarial que contiene la descripción del milagro que fue presenciado por decenas de la zona.

Es un libro que contiene, en cuarenta y dos páginas de preciosa caligrafía, los documentos, autos, declaraciones y testificaciones, que verifican notarialmente los hechos acaecidos.

Contiene el documento multitud de firmas que dan fe, así como el sello del Cardenal Arzobispo de Toledo, que a la sazón era D. Pascual Aragón.

altar de ns de la paz de alcobendas

 

DECLARACIÓN JURADA DE JUAN PERDIGUERO, EN CUYA CASA SE OPERÓ EL MILAGRO, EL 25 DE ENERO DE 1677

««« En la villa de Alcobendas, a veinte y seis días del mes de Enero de mil seiscientos y setenta y siete años, el Sr. Ldo. Don Domingo de Mier, Cura propio de la Parroquial de esta Villa, cumpliendo con lo que se manda por la comisión del Sr. Vicario, y para averiguación de lo contenido en la carta cabeza d estos autos, ante mí a Juan Perdiguero, vecino de esta villa, prioste de la fiesta de Nuestra Señora de la Paz, para tomarle su declaración.

Deseando el que declara cumplir con mucho afecto a servicio de Dios, hora y gloria de su Madre Santísima, y habiendo llegado su festividad para los gastos de esta fiesta dispuso una tinaja, su cabida de hasta diez a doce arrobas poco más o menos, en un casilla que tiene arrendada a los herederos de Juan de Ballenas, accesoria a la casa de este declarante, que la habitación con la mujer.

Y la llenó de vino que condució de lo que tenía de su cosecha en la bodega de María de Peñalosa, su madre, porque en la que vive no tiene vasijas ni vino.

Y, habiendo llenado dicha tinaja el día jueves veinte y uno del corriente, con el pretexto y fin de que se gastase de ella lo necesario, comenzó desde el dicho día a ir sacando vino de dicha tinaja, así para el gasto de su casa como para las demás casas que se ofrecieron.







Y desde dicho día continuamente hizo gasto de danzas, ministriles, clarines, tambores y convidados que hubo en vísperas y día de Ntra. Sra., que serían en todas las ocasiones gran número de gente, con los que vinieron con el fuego y gente que vino de Madrid sus conocidos y amigos.

Se gastó espléndidamente hasta el día veinte y cuatro de la festividad por la noche, que concurrirían en su casa en los dichos tres días más de trescientas personas, hasta que, como dicho es, en lo último de aquella noche, Juan López, un criado del declarante, preguntándole si habia vino en la tinaja, respondió:

– Unas veces la hallo con vino y otras casi sin ello.

Y a esto, y pasando lo referido, el declarante dijo a Antonia de Castro, su criada, sacase vino, y la susodicha dijo:

-Ya no lo puedo sacar, porque hay muy poco y no alcanzo.

Y el declarante, viendo según lo que la criada le dijo:

-Pues den a los tambores vino blanco.

Que eran las personas que lo pedían, respecto a no haber vino tinto en la tinaja, que era lo que estaba llena por haber dispuesto en ella yema y torcido tinto, de lo mismo que tenía de su cosecha, de forma que para lo que se ofreció del resto de la fiesta lo ofreció blanco, por decir la criada que no lo alcanzaba, y habiéndose recogido aquella noche

Por la mañana lunes, día veinte y cinco, a cosa de las seis, se levantó el que declara, y, sin acabarse de vestir, salió al corral de la dicha su casa, y, dando muchas gracias a Dios, dijo:

-Virgen Santísima, yo os he hecho la fiesta con mucho gusto y no me ha faltado cosa alguna, porque me ha sobrado de mis prevenciones, con la mucha gente que ha habido, juzgando me faltara.

Y, pasando delante, se fue hacia la puerta donde estaba la tinaja, y llegó a ella.

Y para ver si había quedado algún vino, la miró y vio estar llena su tinaja, que le faltaría como cuatro dedos.

Y, reparando en ella, vio clara y evidentemente cómo manaba el vino a forma de una fuente, con borbotoncillos que hacía, y este declarante se quedó confuso y admirado, viendo la tinaja llena.

Dio voces llamando a Manuela Calderón, su mujer, diciéndola viniese a ver la tinaja, que había hecho Nuestra Señora de la Paz un milagro, pues quedando la noche antecedente con tan poco vino como la criada dijo, la hallaba llena, y que era un milagro patente.

Este declarante salió a la calle llamando a todos los que pasaban para que viesen el prodigio semejante.

Y al primero que halló fue a Matías de Palencia, que le entró donde estaba la tinaja y la vio llena.

Y con el alborozo que tenía el declarante, satisfecho de que no se había traído vino ninguno por su mano ni otra ajena, y haberse recogido luego y cerrado su casa aquella noche, creyó verdaderamente ser milagro y fue a la plaza y a otras partes, publicando ser milagro patente.

Y, aunque lo decía a muchas personas, no le daban crédito, hasta que con efecto fueron a la dicha su casa muchas personas y vieron cómo manaba a forma de fuente, subiendo hacia arriba el vino.

Y desde la hora de las seis de la mañana, que se publicó, hasta las once y media del día, estuvo el que declara dando vino con tazas, jarros, medias arrobas, cuartillas, botijos, ollas, frascos y ayudándose a sacar el vino José de Jarras, vecino de esta villa, sin cesar continuamente estuvieron todo este tiempo sacando dicho vino hasta llegar a sudar por el mucho trabajo que tenía de la continuación, concurriendo más de seiscientas personas, el Sr. Juez, sacerdotes, Justicia y Regimiento, escribanos del Ayuntamiento, innumerable gente, la Sra. Condesa de Puñoenrostro y toda su casa y familia, y mucha gente de Madrid, que sacaron botas para diferentes partes, así a Colmenar, San Sebastián, como a Madrid, Barajas y otras partes, todos cargados del dicho vino, que le parece a este declarante sacarían en el tiempo, desde las seis de la mañana hasta las once y media del día, más de cien arrobas de vino.

Y declara que, a su parecer, según lo que experimentó, estaría la dicha tinaja sin desmenguarse cosa alguna, como cosa de tres horas, sin reconocerse el mucho vino que se sacara, y apurándolo quedarían como cosa de arroba y media, que entonces el Sr. Juez de esta averiguación y la Justicia de esta villa estuvieron presentes mucha parte de este tiempo, dieron orden se despachase la gente y cerraran en la parte donde estaba la dicha tinaja, hasta dar cuenta al dicho Vicario »»»

Descarga el documento de “El Milagro de la Virgen de la Paz” (Pdf – 95 MB)

 

Fuentes:

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