María opta por almas pobres y desprovistas.

De tal modo de resaltar la magnitud de su Presencia.

Buscando solo pureza y humildad en sus instrumentos elegidos.

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Tres jóvenes pastorcitos: dos hermanos de 9 y 7 años, Francisco y Jacinta Marto, y su prima de 10 años, Lucia Dos Santos.

En un Portugal rural, pobre y alejado, con total ausencia de conocimiento teológico o histórico sobre el mundo, la Iglesia o aún sobre la propia existencia del Papa.

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Los niños sufrieron persecución política durante las apariciones, siendo secuestrados por la autoridad política más cercana (Portugal sufría una dictadura en esa época).

recibieron la amenaza de ser hervidos en un caldero de aceite, en caso de no confesar los mensajes secretos que les entregara la Virgen.

Ante la valiente negativa de los niños, durante tres largos días, fueron liberados y enviados nuevamente a sus hogares.

En la primera aparición, María anuncia que Jacinta y Francisco se irían rápidamente con ella al Cielo.
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Ambos fallecieron poco tiempo después, luego de sufrir penosas enfermedades.
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Mientras Lucía iba a permanecer “un tiempo más”, para difundir la devoción al Corazón Inmaculado de María en todo el mundo.
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Lucía falleció finalmente el 13 de febrero de 2005, a los 97 años de edad, corroborando una vez más que los tiempos de Dios no son nuestros tiempos.

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FRANCISCO Y JACINTA

Francisco era de carácter dócil y condescendiente.

Le gustaba pasar el tiempo ayudando al necesitado. Todos lo reconocían como un muchacho sincero, justo, obediente y diligente.

Las palabras del Ángel en su tercera aparición: “Consolad a vuestro Dios”, hicieron profunda impresión en el alma del pequeño pastorcito.

El deseaba consolar a Nuestro Señor y a la Virgen, que le había parecido estaban tan tristes.

En su enfermedad, Francisco confió a su prima:

“¿Nuestro Señor aún estará triste?

Tengo tanta pena de que Él este así.

Le ofrezco cuanto sacrificio yo puedo.”

En la víspera de su muerte se confesó y comulgó con los más santos sentimientos.

Después de 5 meses de casi continuo sufrimiento, el 4 de abril de 1919, primer viernes, a las 10:00 a.m., murió santamente el consolador de Jesús.

Jacinta era de clara inteligencia; ligera y alegre.

Siempre estaba corriendo, saltando o bailando.

Vivía apasionada por el ideal de convertir pecadores, a fin de arrebatarlos del suplicio del infierno, cuya pavorosa visión tanto le impresionó.

Una vez exclamó: ¡Qué pena tengo de los pecadores! !Si yo pudiera mostrarles el infierno!

Murió santamente el 20 de febrero, de 1920.

Su cuerpo reposa junto con el del Beato Francisco, en el crucero de la Basílica, en Fátima.

Jacinta y Francisco siguieron su vida normal después de las apariciones.
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Lucia empezó a ir a la escuela tal como la Virgen se lo había pedido, y Jacinta y Francisco iban también para acompañarla.

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Cuando llegaban al colegio, pasaban primero por la Iglesia para saludar al Señor.
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Mas cuando era tiempo de empezar las clases, Francisco, conociendo que no habría de vivir mucho en la tierra, le decía a Lucia,
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“Vayan ustedes al colegio, yo me quedaré aquí con Jesús Escondido.
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¿Qué provecho me hará aprender a leer si pronto estaré en el Cielo?”
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Dicho esto, Francisco se iba tan cerca como era posible del Tabernáculo.

A través de la gracia que había recibido y con la ayuda de la Virgen, Jacinta, tan ferviente en su amor a Dios y su deseo de las almas, fue consumida por una sed insaciable de salvar a las pobres almas en peligro del infierno.

La gloria de Dios, la salvación de las almas, la importancia del Papa y de los sacerdotes, la necesidad y el amor por los sacramentos – todo esto era de primer orden en su vida.

Jacinta tenía una devoción muy profunda que la llevo a estar muy cerca del Corazón Inmaculado de María.

Este amor la dirigía siempre y de una manera profunda al Sagrado Corazón de Jesús.

Jacinta asistía a la Santa Misa diariamente y tenía un gran deseo de recibir a Jesús en la Santa Comunión en reparación por los pobres pecadores.

Desde la primera aparición, los niños buscaban como multiplicar sus mortificaciones.
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No se cansaban de buscar nuevas maneras de ofrecer sacrificios por los pecadores.
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Un día, poco después de la cuarta aparición, mientras caminaban, Jacinta encontró una cuerda y propuso ceñir la cuerda a la cintura como sacrificio.
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Estando de acuerdo, cortaron la cuerda en tres pedazos y se la ataron a la cintura sobre la carne.
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Lucia cuenta después que este fue un sacrificio que los hacia sufrir terriblemente, tanto así que Jacinta apenas podía contener las lágrimas.

Jacinta sentía además una gran necesidad de ofrecer sacrificios por el Santo Padre.

A ella se le había concedido el ver en una visión los sufrimientos tan duros del Sumo Pontífice.

Ella cuenta:

“Yo lo he visto en una casa muy grande, arrodillado, con el rostro entre las manos, y lloraba.

Afuera había mucha gente; algunos tiraban piedras, otros decían imprecaciones y palabrotas.”

Desde estos acontecimientos, los niños llevaban en sus corazones al Santo Padre, y rezaban constantemente por el.

Incluso, tomaron la costumbre de ofrecer tres Ave Marías por él después de cada rosario que rezaban.

La Virgen María no dejaba de escuchar los ferviente súplicas de estos niños, respondiéndoles a menudo de manera visiblemente.

El 23 de diciembre de 1918, Francisco y Jacinta cayeron gravemente enfermos por la terrible epidemia de bronco-neumonía.

Pero a pesar de que se encontraban enfermos, no disminuyeron en nada el fervor en hacer sacrificios.

Hacia el final de febrero de 1919, Francisco desmejoró visiblemente y del lecho en que se vio postrado no volvió a levantarse.

Sufrió con íntima alegría su enfermedad y sus grandísimos dolores, en sacrificio a Dios.

Como Lucía le preguntaba si sufría. Respondía:

“Bastante, pero no me importa. Sufro para consolar a Nuestro Señor y en breve iré al cielo.”

El día 2 de abril, su estado era tal que se creyó conveniente llamar al párroco.

No había hecho todavía la Primera Comunión y temía no poder recibir al Señor antes de morir.

Habiéndose confesado en la tarde, quiso guardar ayuno hasta recibir la comunión.

El siguiente día, recibió la comunión con gran lucidez de espíritu y piedad, y apenas hubo salido el sacerdote cuando preguntó a su madre si no podía recibir al Señor nuevamente.

Después de esto, pidió perdón a todos por cualquier disgusto que les hubiese ocasionado.

A Lucia y Jacinta les añadió:
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“Yo me voy al Paraíso; pero desde allí pediré mucho a Jesús y a la Virgen para que os lleve también pronto allá arriba.”
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Al día siguiente, el 4 de abril, con una sonrisa angelical, sin agonía, sin un gemido, expiró dulcemente. No tenía aún once años.

Jacinta sufrió mucho por la muerte de su hermano.
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Poco después de esto, como resultado de la bronconeumonía, se le declaró una pleuresía purulenta, acompañada por otras complicaciones.

Un día le declara a Lucia:
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“La Virgen ha venido a verme y me preguntó si quería seguir convirtiendo pecadores.
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Respondí que si y Ella añadió que iré pronto a un hospital y que sufriré mucho, pero que lo padezca todo por la conversión de los pecadores, en reparación de las ofensas cometidas contra Su Corazón y por amor de Jesús.
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Dijo que mamá me acompañará, pero que luego me quedaré sola.
” Y así fue.

Por orden del médico fue llevada al hospital de Vila Nova donde fue sometida a un tratamiento por dos meses.

Al regresar a su casa, volvió como había partido pero con una gran llaga en el pecho que necesitaba ser medicada diariamente.

Mas, por falta de higiene, le sobrevino a la llaga una infección progresiva que le resultó a Jacinta un tormento.

Durante su enfermedad confió a su prima:

“Sufro mucho; pero ofrezco todo por la conversión de los pecadores y para desagraviar al Corazón Inmaculado de María”.

Al despedirse de Lucía le hace estas recomendaciones:

“Ya falta poco para irme al cielo.

Tu quedas aquí para decir que Dios quiere establecer en el mundo la devoción al I.C. de María.

Cuando vayas a decirlo, no te escondas.

Di a toda la gente que Dios nos concede las gracias por medio del I.C. de María.

Que las pidan a Ella, que el Corazón de Jesús quiere que a su lado se venere el I.C. de María, que pidan la paz al Inmaculado Corazón, que Dios la confió a Ella.

¡Si yo pudiese meter en el corazón de toda la gente la luz que tengo aquí dentro en el pecho, que me está abrazando y me hace gustar tanto del Corazón de Jesús y del Corazón de María!”

Tres días antes de morir le dice a la enfermera,

“la Santísima Virgen se me ha aparecido asegurándome que pronto vendría a buscarme, y desde aquel momento me ha quitado los dolores”.

El 20 de febrero de 1920, hacia las seis de la tarde ella declaró que se encontraba mal y pidió los últimos Sacramentos.

Esa noche hizo su ultima confesión y rogó que le llevaran pronto el Viático porque moriría muy pronto.

El sacerdote no vio la urgencia y prometió llevársela al día siguiente. Pero poco después, murió. Tenía diez años.

Antes de morir, Nuestra Señora se dignó aparecérsele varias veces.

He aquí lo que ha dictado a su madrina.

Sobre los pecados:
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-Los pecados que llevan mas almas al infierno son los de la carne.
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-Si los hombres supiesen lo que es la eternidad harían todo por cambiar de vida. Los hombres se pierden porque no piensan en la muerte, ni hacen penitencia.

Sobre las guerras:
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-Las guerras son consecuencia del pecado del mundo.
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-Es preciso hacer penitencia para que se detengan las guerras.

 

Sobre las virtudes cristianas:
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-No debemos andar rodeados de lujos
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-Ser amigos del silencio
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-No hablar mal de nadie y huir de quien habla mal.
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-Tener mucha paciencia, porque la paciencia nos lleva al cielo
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-La mortificación y el sacrificio agradan mucho al Señor.

Tanto Jacinta como Francisco fueron trasladados al Santuario de Fátima.

Los milagros que fueron parte de sus vidas, también lo fueron de su muerte.

Cuando abrieron el sepulcro de Francisco, encontraron que el rosario que le habían colocado sobre su pecho, estaba enredado entre los dedos de su manos.

Y a Jacinta, cuando 15 años después de su muerte, la iban a trasladar hacia el Santuario, encontraron que su cuerpo estaba incorrupto.

El 18 de abril de 1989, el Santo Padre, Juan Pablo II, declaró a Francisco y Jacinta Venerables.
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El 13 de Mayo del 2000, el Santo Padre JPII los declaró beatos en su visita a Fátima, siendo los primeros niños no mártires en ser beatificados..
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Y en el 2017 los canoniza el papa Francisco.

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LUCÍA DOS SANTOS

Lucía Dos Santos nació el 22 de marzo de 1907 en Ajutrel, caserío junto a Fátima.

Cuando tenía nueve años fue enviada con sus primos, los beatos Francisco y Jacinta Matos a pastorear ovejas como de costumbre.

Fue entonces que recibieron la visita de la Virgen en la Cova de Iría.

Lucía ingresó en 1921 con las Hermanas Doroteas.
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Estuvo con ellas en Tui y Pontevedra, España.
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En ambas ciudades tuvo importantes visitas de Jesús y de la Virgen.
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Recibió la Promesa de los Primeros Sábados, la Visión de la Trinidad, la petición de la consagración de Rusia.

En 1946 regresó Portugal y, dos años después, entró en el Carmelo de Santa Teresa en Coimbra, donde profesó sus votos como carmelita en 1949.

La Virgen dijo a Francisco y Jacinta que pronto irían al cielo pero Lucia debía quedar en la tierra para propagar sus mensajes.

Así ocurrió.

Murió el 13 de Febrero del 2005, durante la novena de los beatos Francisco y Jacinta, en su querido Carmelo.
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Donde aun era visitada por la Virgen y donde también el Papa Juan Pablo II la visitó.

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UNA ENTREVISTA CON SOR LUCÍA

La revista mensual católica portuguesa «Christus» publicó en el número correspondiente al 3 de marzo 98, la primera entrevista que ha concedido en su vida la hermana Lucía.

 

El infierno

«El infierno es una realidad.

Es un fuego sobrenatural y no físico, y no puede ser comparado al fuego que arde, de madera o de carbón».

«Continúen predicando sobre el infierno porque Nuestro Señor mismo habló del infierno y está en las Sagradas Escrituras.

Dios no condena a nadie al infierno. Dios dio a los hombres la libertad de escoger, y Dios respeta esa libertad humana».

 

Ateísmo y materialismo

«El ateísmo es todavía el mayor instrumento utilizado por el demonio en nuestros días.

Porque es un grave pecado contra Dios, que niega su propia existencia dando paso a la práctica de toda una variedad de actos diabólicos como el aborto».

«Como terminó el comunismo, ahora sigue el materialismo. Antes las personas no podían comprar nada.

El materialismo es muy malo…Las personas deberían desear más las cosas de Dios y no querer antes las cosas materiales».

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OTRA ENTREVISTA A SOR LUCÍA

El Padre Augustín Fuentes, sacerdote mexicano nombrado vicepostulador, (investigador), en las causas de beatificación de Francisco y Jacinta, tuvo una conversación con Sor Lucía de Jesús el día 26 de diciembre de 1957.

«Padre, la Santísima Virgen está muy triste, porque nadie hace caso a su Mensaje, ni los buenos ni los malos.

Los buenos, porque prosiguen su camino de bondad; pero sin hacer caso a este mensaje.

Los malos, porque no viendo el castigo de Dios, actualmente sobre ellos, a causa de sus pecados, prosiguen su camino de maldad, sin hacer caso a este Mensaje.»

«Dígales, Padre, que la Santísima Virgen repetidas veces, tanto a mis primos Francisco y Jacinta, como a mí, nos dijo, que muchas naciones de la tierra desaparecerán sobre la faz de la misma.

Que Rusia sería el instrumento del castigo del Cielo para todo el mundo, si antes no alcanzábamos la conversión de ese pobrecita Nación.» …

«Padre, el demonio está librando una batalla decisiva contra la Virgen.

Y como sabe qué es lo que más ofende a Dios y lo que, en menos tiempo, le hará ganar mayor número de almas, está tratando de ganar a las almas consagradas a Dios.

Ya que de esta manera también deja el campo de las almas desamparado, y (el demonio) más fácilmente se apodera de ellas.»

«Dígales también, Padre, que mis primos Francisco y Jacinta se sacrificaron porque vieron siempre a la Santísima Virgen muy triste en todas sus apariciones.

Nunca se sonrió con nosotros, y esa tristeza y angustia que notábamos en la Santísima Virgen, a causa de las ofensas a Dios y de los castigos que amenazaban a los pecadores, nos llegaban al alma.

Y no sabíamos qué idear para encontrar en nuestra imaginación infantil medios para hacer oración y sacrificio. …

Lo segundo que santificó a los niños fué la visión del infierno.» …

«Por esto Padre no es mi misión indicarle al mundo los castigos materiales que ciertamente vendrán sobre la tierra, si el mundo antes no hace oración y penitencia, no.

Mi misión es indicarles a todos el inminente peligro en que estamos de perder para siempre nuestra alma si seguimos aferrados al pecado.»

«Dos son los medios para salvar al mundo – me decía Sor Lucía de Jesús–, la oración y el sacrificio… Y luego, el Santo Rosario.

Mire Padre, la Santísima Virgen, en estos Últimos Tiempos en que estamos viviendo, ha dado una nueva eficacia al rezo del Santo Rosario.

De tal manera que ahora no hay problema, por más difícil que sea, sea temporal o sobre todo espiritual, que se refiera a la vida personal de cada uno de nosotros; o a la vida de nuestras familias, sean familias del mundo o Comunidades Religiosas; o la vida de los pueblos y naciones.»

«Y luego, la devoción al Corazón Inmaculado de María, Santísima Madre, poniéndonosla como sede de la clemencia, de la bondad y el perdón; y como puerta segura para entrar al cielo.»

Fuentes:

 

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