No podemos mirar para otro lado e ignorar que estas palabras de Jesús se repiten en los tres evangelios sinópticos.

Hay un pecado que dice Jesús que no se perdonará.

Un cristiano no puede actuar ideológicamente y construir su fe sólo con la parte de los evangelios que le gusta.

Seguir a Jesús es hacerlo aún en las cosas que no entendamos del todo.

De lo contrario estamos endiosando nuestro propio pensamiento.

¿Cómo si Dios es tan misericordioso y perdona siempre los pecados, hay un pecado que no está dispuesto a perdonar?

¿Qué pecado contra el Espíritu Santo Jesús dice que no tiene su perdón?

¿Y por qué no tiene su perdón?

Comencemos definiendo el pecado.

   

QUÉ ES EL PECADO

El pecado es una ofensa contra la razón, la verdad y la conciencia recta, según el Catecismo de la Iglesia Católica.

Es un fracaso en el amor genuino a Dios y al prójimo.

San Agustín ha dicho que es una declaración, un hecho o un deseo contrario a la ley eterna.

Por lo tanto es una ofensa contra Dios, que se opone a su amor por nosotros y nos aleja de Él.

La Iglesia distingue dos tipos de pecado, el mortal y el venial.

El pecado mortal expulsa a la persona bautizada del estado de Gracia y si muere en pecado mortal su alma se irá al infierno.

Para que un pecado sea mortal debe ser grave, cometido con pleno conocimiento y de forma deliberada.

En cambio el pecado venial no merece el castigo eterno, sin embargo nos aleja de la santidad, que es el destino de los seres humanos.

Y nos insensibiliza contra el pecado, influenciándonos para desarrollar una carrera de pecados cada vez más graves.

Con nuestro bautismo lavamos la mancha de pecado original que cometieron nuestros primero padres al rebelarse contra Dios en el Jardín del Edén

Pero aún nos queda la concupiscencia, que es una mácula que dejó el pecado nuestros primeros padres en la condición humana.

La concupiscencia es la tendencia al pecado. Y significa que sin la gracia de Dios tendemos a pecar de forma natural.

Esto implica que para resistir el pecado hay que invocar la gracia de Dios.

La característica del pecado es que su efecto es acumulativo, porque el pecado engendra más pecado.

Nos va nublando la comprensión de lo que es bueno y lo que es malo.

Por eso la importancia de evitar los pecados veniales.

Por otro lado no todos los pecados mortales son igual de graves, aunque todos merezcan el castigo eterno.

Por ejemplo el pecado contra el espíritu santo que trataremos en este artículo es el más grave.

Pero además del castigo sobrenatural o sea el castigo eterno por el pecado, también hay un castigo temporal.

Mientras que el castigo eterno puede ser remitido a través del perdón de los pecados, la pena temporal requiere reparación del daño realizado y se mantiene aún después que los pecados son perdonados.

Pero luego de que es expirada la pena temporal, esta desaparece.

La forma de expiación del daño puede ser la oración, el ayuno la limosna y las indulgencias, además de la reparación a las personas dañadas.

Luego de esto estamos en mejores condiciones para empezar a tratar el pecado contra el Espíritu Santo.

   

MANERAS DE PECAR CONTRA EL ESPÍRITU SANTO

En la Edad Media se utilizaba Libro de las Sentencias de Pedro Lombardo, de alrededor del año 1100, como un texto teológico que hablaba de esto.

En él se menciona 6 formas de pecar contra el Espíritu Santo, que luego se han asentado en la Iglesia.

Las 6 formas son,

   

1 – DESESPERACIÓN

El Catecismo de la Iglesia Católica #2091 dice que por desesperación el hombre deja de esperar de Dios su salvación personal, el auxilio para llegar a ella o el perdón de sus pecados.

Y agrega que esto es contrario a la bondad de Dios y a su justicia y su misericordia.

   

2 – PRESUNCIÓN DE LA MISERICORDIA DE DIOS

El Catecismo #2092 dice que hay dos clases de presunciones.

O asumimos nuestras propias capacidades esperando salvarnos, sin la ayuda de Dios.

O asumimos el poder omnipotente de Dios y su misericordia esperando tener su perdón sin nuestro mérito y sin conversión.

   

3 – NEGAR LA VERDAD CONOCIDA

El Catecismo #2089 dice que la incredulidad es el menosprecio de la verdad revelada o el rechazo voluntario de prestarle asentimiento.

Es la afirmación de que no hay verdad objetiva y que todas las verdades religiosas son subjetivas.

En definitiva es resistir a la verdad divina revelada por el Espíritu Santo.

Lo que significa una herejía. Ya sea expresada en palabra o con argumento.

   

4 – ENVIDIA DEL BIEN ESPIRITUAL DE OTRO

El Catecismo #2539 dice que la envidia manifiesta la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea de manera indebida.

A través de la envidia fue que satanás se rebeló.

Tentó a nuestros primeros padres y la muerte entró en el mundo.

En vez de aceptar humildemente los dones que Dios nos dio buscamos la gloria humana.

Se trata de un pecado específicamente contra el Espíritu Santo porque Él es quien derrama los dones espirituales a los fieles.

Y por tanto implica cuestionar su juicio sobre los dones que distribuye.

   

5 – OBSTINACIÓN EN EL PECADO

Significa resistir al poder santificador del Espíritu Santo.

Hacer persistir deliberadamente lo que se sabe que es un pecado grave.

   

6 – IMPENITENCIA FINAL

Esto significa el endurecimiento en el pecado sin arrepentimiento, vergüenza o remordimiento.

Es una resistencia total a la obra del Espíritu Santo para llevarnos a la conversión.

En el #1432 del Catecismo dice que es preciso que Dios de al hombre un corazón nuevo.

Y qué la conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios.

Estos pecados no dan la sensación de algo imperdonable, pero la Biblia dice que la blasfemia al E.S. sí lo es.

   

LA BLASFEMIA CONTRA EL ESPÍRITU SANTO

Tres de los cuatro evangelios mencionan la declaración de Jesús sobre la blasfemia imperdonable contra el Espíritu Santo.

“Por eso os digo: Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.

Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro (Mateo 12: 31-32).

“Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean.

Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno.

Es que decían: «Está poseído por un espíritu inmundo” (Marcos 3: 28-30).

“A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará (Lucas 12:10).

La coincidencia de los tres evangelistas verifica que Jesús sí afirmó que hay un pecado específico que no será perdonado; no se puede mirar para otro lado y fingir que nunca lo dijo.

Y está relacionado a una blasfemia al Espíritu Santo.

Al respecto el catecismo de la Iglesia Católica dice

Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada”.

No hay límites a la misericordia de Dios, pero quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios mediante el arrepentimiento rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo.

Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna (CIC1864).

¿Qué significa blasfemar?

Se trata de una palabra que deriva de dos raíces griegas blapto”, que significa herir y “pheme” que significa hablar.

Por lo tanto blasfemar es herir con la palabra.

Aparece 59 veces en el Nuevo Testamento y se refiere a vilipendio, injuria, mal hablado, hablar mal de alguien, maldecir.

Estamos hablando de un pecado de la lengua, que incluso queda claro en las palabras de Jesús.

Para comprender bien esto deberíamos mirar el contexto en que Jesús lo dijo.

Aparentemente Jesús se refería a los murmullos de los escribas y fariseos.

Jesús había curado a un hombre poseído por el demonio y fariseos y escribas comentaban que lo hacía por el poder de Belcebú.

Por lo tanto estaban rechazando las obras de Dios atribuyéndolas al poder del diablo.

E incluso estaban contradiciendo lo que habían visto con sus propios ojos, por razones egoístas, fingiendo no entender.

Fue entonces que Jesús dijo qué un reino dividido contra sí mismo no podía subsistir, de modo que si Él echaba a los demonios por el poder de los demonios se estaba derrotando a sí mismo.

Fui ahí que Jesús expresó el juicio contra la blasfemia al Espíritu Santo.

   

LA BLASFEMIA CONTRA EL ESPÍRITU SANTO NO SE PERDONARÁ AHORA NI EN LA ÉPOCA VENIDERA

Jesús lo dice claramente en Mateo 12: 32.

Pero algunos cristianos piensan que esto sugiere que ciertos pecados serán remitidos después de la muerte.

Argumentando que Jesús vino a perdonar los pecados y Él es extremadamente misericordioso.

Por lo tanto puede no perdonarlos ahora pero sí luego de la muerte.

Conciben un sistema similar al purgatorio pero con un perdón luego de la muerte, donde las almas de los muertos tendrían una segunda oportunidad de hacer penitencia por los pecados imperdonables qué cometieron en su vida Terrenal.

Sin embargo las palabras de Jesús son claras porque sugiere que nunca será perdonado.

También hay algunos que dicen que Jesús hizo esa declaración pensando en la era cristiana o evangélica.

Y por lo tanto en esta época en que vivió Jesús y hasta la instauración de su reino en la Tierra, podrían ser perdonados.

Por otra parte otros dicen que la blasfemia contra el Espíritu Santo como único pecado imperdonable que menciona la Biblia está relacionado específicamente con la acusación de los fariseos y escribas a Jesús físico y presente.

O sea que tuvo validez mientras Jesús caminó por la Tierra.

Y se basan en el criterio que después de su resurrección ningún escritor inspirado ha mencionado este pecado ni lo ha advertido.

Y tampoco hay evidencia que pueda ser cometido hoy.

Se apoyan en pasajes cómo 1 Juan 1: 7,9 que dice que toda injusticia que una persona cometa hoy puede ser perdonada por la sangre de Jesús.

Y en el pasaje de Marcos 16: 15-16, cuando les dice a los apóstoles que vayan por el mundo a proclamar la buena nueva, les dice también que el que crea y sea bautizado se salvará y el que no crea se condenará.

De modo que pone el acento en la fe como el único requisito para la salvación, sin más impedimento.

Entonces la blasfemia al Espíritu Santo no sería un elemento que cortaría la posibilidad de salvación.

Sin embargo estas consideraciones no son mayoritarias en la Iglesia Católica.

Y tienen un tinte primordialmente protestante y modernista, compatible con la herejía hipermisericordista, que proclama que todos se salvarán, no importa lo que hagan en la Tierra.

    

CÓMO RECONCILIAMOS LA MISERICORDIA INFINITA DE DIOS CON EL NO PERDÓN DE LA BLASFEMIA AL ESPÍRITU SANTO

Es claro que los evangelios muestran que Nuestro Señor vino a la Tierra a perdonar nuestros pecados.

Esto incluso está relacionado con el nombre qué se le puso a Jesús, sugerido por el Espíritu Santo.

El ángel le sugirió a San José, “debes ponerle el nombre de Jesús porque él salvará a su pueblo de sus pecados(Lucas 1: 21)

Y no sólo están las palabras sino los actos de Jesús.

Recordemos cómo Jesús perdona los pecados a la mujer samaritana en el pozo de agua y a la mujer que fue sorprendida en adulterio.

Y también, cuando hacía milagros físicos de curación, estaban precedidos por la cura espiritual del perdón.

Cómo por ejemplo es el pasaje del hombre paralítico.

También contó parábolas exhortando a perdonar y a buscar el perdón.

Como la parábola del hijo pródigo o el deudor despiadado.

Incluso que su misión fue venir por los pecadores está ejemplificada en las acusaciones que le hacían sus enemigos, diciendo que era amigo de los pecadores y de los recaudadores de impuestos.

Y cuando estaba muriendo en la cruz Jesús dijo “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Todo esto lo repitió luego de su resurrección.

Porque cuando soplo sobre los apóstoles y les dijo “recibid el Espíritu Santo”, agregó que a quiénes perdonen los pecados les quedan perdonados, a quienes se lo retengáis les quedan retenidos”.

Entonces queda claro que Nuestro Señor perdona cualquier pecado si realmente nos arrepentimos de ese pecado, lo confesamos y hacemos un esfuerzo para enmendarnos y no volver a cometerlos.

¿Entonces cómo es que la blasfemia contra el Espíritu Santo no tiene perdón?

La clave de esto es entender quién es el Espíritu Santo.

Él es nuestro defensor, consolador y guía.

Es el espíritu de la verdad eterna e inmutable de Dios que nos asiste.

El que nos instruye y nos recuerda todo lo que Jesucristo nos enseñó.

Él ilumina nuestras conciencias para que sepamos qué es lo bueno y qué es lo malo, qué es lo correcto y qué es lo incorrecto.

También fortalece nuestra voluntad para evitar el mal y hacer el bien.

Nos ilumina también para reflexionar sobre lo que hemos hecho y lo que nos falta hacer para movernos a la conversión.

Nos informa cuán alejados del Señor estamos por el pecado y cómo nos podemos acercar a Él humildemente.

Es a través del Espíritu Santo que se transmite el perdón y el amor del Señor, que restaura nuestras almas.

En Dominum et Vivificantem Juan Pablo II dijo,

“Blasfemar contra el Espíritu Santo no consiste propiamente en ofender al Espíritu Santo en palabras.

Consiste más bien en el rechazo a aceptar la salvación que Dios ofrece al hombre a través del Espíritu Santo, obrando mediante el poder de la cruz”.

De modo que la blasfemia contra  el Espíritu Santo es negarse a reconocer el pecado y arrepentirse, y rechazar el perdón ofrecido por Dios.

El pecado imperdonable contra el Espíritu Santo no lo es por su gravedad y seriedad, sino por la carencia de disposición para buscar el perdón y ser perdonado.

Se excluye por tanto los elementos que producen el perdón de los pecados.

¿Cómo el Espíritu Santo va a perdonar nuestros pecados y reconciliarse con nosotros si nos rehusamos a reconocer el pecado y a enmendarnos?

Se trata por tanto de un rechazo sostenido y firme al amor y la misericordia de Dios.

Es optar por la opción de la condenación.

Por tanto la blasfemia contra el Espíritu Santo no es hablar mal del Espíritu Santo, sino negarse a aceptar la salvación que Él nos propone.

Pero naturalmente se puede traducir la apostasía en palabras.

No hay límites a la misericordia de Dios, pero requiere de nuestro libre albedrío y asentimiento.

Quien deliberadamente se niega a aceptar la misericordia de Dios arrepintiéndose y rechazando el perdón de los pecados, lo hace porque tiene el corazón endurecido y es presa de la impenitencia final.

Es una obstinación que rechaza la misericordia de Dios.

La persona no está dispuesta al ser liberada de la esclavitud del pecado.

Aunque en algunos casos le gustaría hacerlo pero se cree indigno de ser perdonado.

No comprende que es un regalo gratuito de salvación que hace Dios.

Y el endurecimiento lo lleva paulatinamente a situarse en posiciones en que el arrepentimiento ya no es posible.

Hay algunas personas que temen haber incurrido en blasfemia al Espíritu Santo, imposible de ser perdonada.

Pero si la persona se cuestiona si lo hizo o no, es porque sabe lo que es el pecado y también sabe lo que es el arrepentimiento.

No existe tal cosa como haber ofendido a Dios sin darse cuenta, cuando una persona tiene conciencia de lo que son los pecados y de la forma en que Dios los perdona.

Fuentes:


Sergio Fernández, Editor de los Foros de la Virgen María

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