Los abusos sexuales y los actos de homosexualidad rampante están acorralando a la Iglesia.

Durante mucho tiempo los barrió debajo de la alfombra.

Y cuando salieron a la luz pública los empezó a combatir.

Ha tenido bastante éxito en disminuir los abusos sexuales en la última década.

Pero los medios de comunicación están interesados en que esto no se vea.

Sin embargo no ha tenido éxito para combatir la pérdida del “sentido del pecado”.
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El maligno sigue operando eficazmente dentro de la Iglesia para apuntalar el relativismo moral.

Esto lo denuncian exorcistas.

Y es una gran asignatura pendiente de la Iglesia.

 

NOS ESPERA UNA LARGA TORMENTA

¿Tienen algo que decirnos los exorcistas sobre la crisis de abusos sexuales y homosexualidad dentro de la iglesia católica?

El padre Gary Thomas, exorcista de la diócesis de San José California, uno de los más prestigiosos exorcistas de la actualidad, cuya vida inspiró el libro y la película El Rito, ha dicho que nos espera una larga tormenta respecto a los abusos sexuales en la Iglesia.

Y agregó además que sólo va a empeorar en los tiempos próximos.

No se trata de una visión pesimista, sino de la concepción de que algo tan malo no puede subsistir en la Iglesia y por lo tanto hay que erradicarlo porque es inaceptable, y aquí entra el conflicto.

Fr Gary Thomas con Anthony Hopkins

El padre Thomas tiene la firme convicción de que se trata de una estrategia del maligno, de la misma forma que el Papa Francisco ha dicho que los obispos están bajo su ataque en este momento.

Un argumento del padre Thomas se expresa de la manera siguiente, para identificarlo con un ataque demoníaco

Al abusar sexualmente de los niños, satanás desea destruir el ícono del reino de Dios.

Él quiere destruir la versión más inocente de la humanidad, que es el niño“.

Además el comportamiento abusivo sexual dentro de la iglesia es que está fuera de los límites de lo concebible.

Es claramente demoníaco como por ejemplo la actividad del ISIS, que el exorcista Gabriele Amorth había catalogado como una herramienta demoníaca.

Incluso el padre Thomas incluye a los carteles de la droga como influenciados demoníacamente,

A menudo le rezan a satanás para que bendiga sus drogas y se refieren a satanás como su padre y le rezan.

He visto documentales sobre esto y asistí a talleres con grupos de trabajo del gobierno y oré por algunos de los policías a raíz de lo que están tratando”.

También agregó que la principal preocupación de la Iglesia no debe estar en la preservación de los violadores sino de las víctimas, para evitar que este tipo de cosas no suceda nuevamente.

Ha dicho concretamente,

No puede haber tolerancia para la mala conducta sexual perpetrada por clérigos o laicos dentro de la Iglesia ahora o nunca más”.

Ex Cardenal Teodore McCarrick

 

DOS SITUACIONES QUE REVELAN EL PROBLEMA EN LA IGLESIA

Si la iglesia hubiera estado atenta, con los oídos abiertos y desprejuiciada, no hubiera sucedido uno de los casos atroces que se ventiló respecto a los abusos del ex cardenal Theodore McCarrick.

James tenía 11 años – ahora tiene 60 años – cuando fue abusado por el padre Theodore McCarrick y guardó silencio gran parte de su vida.

Porque cuando trató de decirle a sus padres lo que le había sucedido no le creyeron, porque era su palabra contra la de un sacerdote respetado.

El abuso lo llevó a la adicción al alcohol y a las drogas.

Y la familia incluso lo acercó más al padre McCarrick, pensando que podría ser una buena influencia para que él dejara estas adicciones.

Con historias como estas vemos que el mensaje que subliminalmente da el maligno es “¿quién te va a creer?”, porque se trata de un hecho que está más allá de lo razonable y concebible.

Este mismo comportamiento se vio en los relatos de los niños ante el gran Jurado de Pensilvania: el abuso tapado por un muro de silencio de parte de la jerarquía de la iglesia y de incredulidad de los familiares.

Entonces nos lleva a preguntarnos sobre el abusador, que era un sacerdote con entrenamiento en lo que es el pecado, el abuso sexual y sus consecuencias psicológicas, ¿cómo actuó con esta falta de preocupación por el prójimo?

Y lo que es peor aún, ¿cómo lo siguió haciendo a través de toda su carrera eclesiástica hasta llegar a cardenal, prefiriendo incluso vivir en los seminarios debido a su tendencia es efebofílica?

Tan inconcebible como estos abusos es lo que recientemente sucedió en Miami con dos sacerdotes que fueron arrestados por comportamiento lujurioso y lascivo.

Estaban en un coche – sin vidrios polarizados -, estacionado en la concurrida Ocean Drive, realizándose un acto sexo oral entre ellos.

Se trata de dos sacerdotes ordenados, que en teoría deberían haber aceptado el Catecismo de la Iglesia Católica, en que condena los actos sexuales fuera del matrimonio y los actos homosexuales.

Pero además, aunque rechacen esta parte del catecismo – que no podría hacerlo un ministro ordenado -, no es concebible que no puedan controlar su impulso de tener sexo entre ellos y lo deban hacer a la vista de toda la gente.

Estas personas podrían haber ido a un lugar privado a tener sexo, pero sin embargo prefirieron arriesgarse a escandalizar a la gente.

Y de hecho se hicieron acreedores a una fuerte sanción de la jerarquía de la Iglesia.

Da la sensación que en estas situaciones no son las personas las que tienen en control, sino que alguien más lo ha tomado.

Y sabemos que el que ha tomado el control es el maligno.

En un artículo que hemos escrito en los Foros hemos hablado de la nueva modalidad de posesiones qué le llamamos posesiones intermitentes, y que puede explicar estos hechos.

Esto nos trae un tema colateral que es si la homosexualidad en si es producto de una acción demoníaca o no.

 

HOMOSEXUALIDAD Y DEMONIOS

No hay demostración clara de la relación entre homosexualidad y posesión demoníaca, de la misma forma que tampoco hay pruebas científicas de que los homosexuales nazcan así.

Pero en la medida que la mitad de los homosexuales han tenido algún tipo de abuso en su infancia, y sólo a uno de cada 10 heterosexuales le ha sucedido eso, podría significar que el trauma creado por esa situación haya contribuido a su homosexualidad.

Y los exorcistas saben que los demonios entran en las personas básicamente a través de las heridas producidas por los traumas.

De modo que si la mitad de los homosexuales han tenido este tipo de traumas, entonces por lo menos éstos tienen una puerta abierta para que actúe el maligno.

Y eso es lo que puede explicar los dos casos que hemos relatado arriba.

Sin embargo hay algunos grupos pentecostales que creen que la homosexualidad es producida por un demonio de la homosexualidad.

Jill Southern de Ellel Ministries le dijo al Eastern Malaysian Daily Express que el sexo gay une a las personas a los demonios.

Y que esto es un acto de autodestrucción, porque las instituciones de sanidad en todas partes del mundo informan que el sexo gay genera más enfermedades, problemas psicológicos y acortamiento de la vida.

Incluso los pentecostales realizan exorcismos gay tratando de expulsar al demonio de la homosexualidad.

Porque consideran que el cuerpo de la persona fue ocupado por un demonio, que le está obligando actuar en contra de la voluntad de Dios.

Esta no es la práctica en la Iglesia Católica.

Pero independientemente de esta polémica, deberíamos coincidir que los abusos sexuales en la Iglesia Católica, que tienen una alta relación con la homosexualidad, son un pecado, y quién tienta para que entremos en una vida de pecado es el demonio.

 

EL SENTIDO DEL PECADO

El demonio es el propulsor del mal, y ha revestido al mal de un poderoso glamour, que hace que la humanidad tenga dificultades para apartar su mirada de él.

No estamos hablando de que la gente se oriente hacia el mal per se, sino que el mal es tan ubicuo en estos momentos que es difícil dejar de mirarlo.

Y si se mira fijamente por un tiempo hace desaparecer lo bueno, lo justo, lo piadoso y lo hermoso, y entra la fealdad, la ira, el disgusto.

Todos corremos el riesgo involuntario de ser seducido por el glamour del mal.

Y en la medida en que nos volvemos más ciegos y sordos hacia el pecado, comenzamos a verlo más como una categoría teológica que cómo algo pernicioso para nuestra vida y para las de los demás.

Entonces el pecado se nos muestra como una abstracción opinable y no como una realidad dolorosa a la que estamos expuestos diariamente.

Es cuando comenzamos a pensar que hay pecados más malos que otros.

Por ejemplo hay cardenales y obispos que opinan que el pecado contra el medio ambiente es peor que el aborto.

Y lo que es peor, que algunos pecados dejan de ser considerados como tales y comienzan a ser tratados como un resabio del pasado que aún mantiene la iglesia católica.

Así nos encontramos con grupos católicos que están a favor del aborto y de la eutanasia, y sacerdotes católicos qué piden cambiar el Catecismo de la Iglesia Católica quitando la condena de anti natural a la homosexualidad.

Esto implica relativizar las palabras escritas en la Biblia, que son el único documento que tenemos sobre las expresiones de Jesús, la persona a la que los cristianos siguen.

Entonces nuevamente aquí vemos una pista del maligno, porque ¿qué otra figura podría estar detrás de proclamar qué la Biblia tiene equivocaciones?

Entonces el maligno incita a unos a pensar que determinado acto no es un pecado y a otros lo mismo pero con respecto a otro acto.

Y así se va formando un clima relativización de los pecados en general y de los 10 mandamientos en particular.

Lo que está fallando entonces es nuestro sentido del pecado.

Porque ya no los consideramos requerimientos de Dios, sino convenciones culturales de los hombres de lo que esta bien o mal.

Y es entonces cuando algunos se enojan cuando escuchan lecturas y homilías en misa que recuerdan lo pecaminoso que son determinados pecados.

Como hay gente que está divorciada y no le gusta que digan que está cometiendo adulterio y que el adulterio es un pecado, entonces el predicador deja de hablar de estos temas.

Lo mismo que con respecto a la homosexualidad, porque alguno de los asistentes tiene algún familiar homosexual o el mismo es homosexual o simplemente cree que la homosexualidad es un tipo de sexualidad más.

Todo esto es lleva a la pérdida del sentido del pecado.

 

PÉRDIDA DEL SENTIDO DEL PECADO

En 1 Juan 1: 8 dice “si decimos que no tenemos pecado nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros”.

La insensibilidad al pecado ofende a Dios, arruina nuestra relación con Él y tiene un efecto destructivo para la sociedad.

Porque niega la existencia de una verdad moral objetiva que viene de Dios, poniendo los pecados a nivel de la opinión personal o como resultado del clima político y social del momento.

Y en definitiva pone en riesgo la salvación de las personas.

Es la ley moral de Dios, interpretada por la iglesia, la que nos orienta para discernir el bien del mal, lo bueno a los ojos de Dios de lo bueno a los ojos del demonio.

Cuando alguien elige opciones pecaminosas, va nublando paulatinamente su discernimiento sobre la gravedad de los pecados en general.

Y esto es lo que podemos apreciar en los dos casos de delitos sexuales que relatamos arriba.

Peor es en el caso de ex cardenal McCarrick porque tuvo muchas responsabilidades en la jerarquía de la Iglesia.

El relativismo moral que ha penetrado en la Iglesia Católica – y especialmente en la formación en los seminarios -, ha llevado a que se juzgue el valor moral de un acto de acuerdo a las circunstancias, los sentimientos y la opinión de la persona, devaluando el lado del hecho objetivo.

El papa Pío XII dijo “El mayor pecado hoy es que los hombres han perdido el sentido del pecado”, luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial.

Y los últimos tres papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco se han hecho eco de este problema.

¿Qué más en línea con la insidia con el demonio que destruir la idea del pecado?

De modo que los abusos sexuales y los actos de homosexualidad activa no pueden estar impulsados por alguien más que no sea el maligno.

Esto que decimos no es simbólico sino una afirmación.

Y ha penetrado en la Iglesia con el deterioro del sentido del pecado, y por eso interpretamos que el padre Thomas dice que será una larga marcha para la Iglesia la recuperación de este sentido.

Y que los problemas recién empiezan, se puede explicar por el lado de que el maligno va a suscitar una defensa férrea del relativismo.

Fuentes:

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