La norma de la Iglesia Católica sigue siendo comulgar en la boca.

No obstante, luego del Concilio Vaticano II se permitió comulgar en la mano a algunas Arquidiócesis.

Lo que se fue generalizando a pedido de las Conferencias Episcopales.

Independiente de esta polémica, hay malas prácticas para recibir la comunión que expondremos abajo.

ratzinger le da la comunion a juan pablo ii

Es llamativa la pregnancia de esta excepción de recibir la hostia en la mano.
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Ya que Santos, Doctores y los últimos papas (Juan Pablo II y Benedicto XVI) llaman a comulgar en la boca.  

Una de las tantas costumbres protestantes que ha tomado la Iglesia Católica y que forma parte de los signos de nuestros tiempos.

El Generalis Missalis Romani dice que en principio, la Comunión se recibe en la boca.

Pero donde sea concedido (por la Conferencia Episcopal), el fiel puede, a elección, comulgar recibiendo la hostia en la mano.

En cambio, cuando la Comunión se recibe «por intinción» (esto es, bajo las dos especies, mojando la hostia en el Cáliz), obviamente, sólo puede recibirse en la boca.

No obstante llama poderosamente la atención que muchos sacerdotes no conocen la norma para dar la comunión por intinción.

Me ha sucedido planteárselo a sacerdotes – tanto recién salidos del seminario como muchos años en el ministerio – que desconocían esta norma. O fingieron desconocerla. 

Sin embargo está sucediendo algo más oscuro, bajo el argumento de que la Iglesia debe modernizarse.

El Obispo de la Pampa, Argentina, Monseñor Raúl Martín, ha prohibido tomar la comunión de rodillas.

Mira este video.

Esto va en sentido inverso del pedido del anterior Papa, Benedicto XVI, y sobre todo anula unilateralmente y sin consulta Vaticana, una práctica que la Iglesia ha tenido en los últimos 20 siglos.

comunion e la boca

  

EVOLUCIÓN DE CÓMO SE RECIBE LA EUCARISTÍA

Monseñor Schneider, que es experto en Patrística e Iglesia primitiva, explica las diferencias entre la forma de comulgar en la Iglesia primitiva y la actual práctica de la comunión en la mano.

Según afirmó, esta costumbre es “completamente nueva” tras el Concilio Vaticano II.
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Y no hunde sus raíces en los tiempos de los primeros cristianos, como se ha sostenido con frecuencia.

En la Iglesia primitiva había que purificar las manos antes y después del rito, y la mano estaba cubierta con un corporal, de donde se tomaba la forma directamente con la lengua: 

“Era más una comunión en la boca que en la mano”, afirmó Schneider.

De hecho, tras sumir la Sagrada Hostia el fiel debía recoger de la mano con la lengua cualquier mínima partícula consagrada.

Un diácono supervisaba esta operación.

Jamás se tocaba con los dedos.

“El gesto de la comunión en la mano tal como lo conocemos hoy era completamente desconocido” entre los primeros cristianos.

Aun así, se abandonó aquel rito por la administración directa del sacerdote en la boca.

Un cambio que tuvo lugar “instintiva y pacíficamente” en toda la Iglesia a partir del siglo V, en Oriente, y en Occidente un poco después.

El Papa San Gregorio Magno en el siglo VII ya lo hacía así.

Y los sínodos franceses y españoles de los siglos VIII y IX sancionaban a quien tocase la Sagrada Forma.

Según monseñor Schneider, la práctica que hoy conocemos de la comunión en la mano nació en el siglo XVII entre los calvinistas.
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Que no creían en la presencia real de Jesucristo en la eucaristía.

“Ni Lutero”, que sí creía en ella aunque no en la transustanciación, “no lo habría hecho”, dijo el obispo kazajo.

“De hecho, hasta hace relativamente poco los luteranos comulgaban de rodillas y en la boca.

Y todavía hoy algunos lo hacen así en los países escandinavos”.

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¿CUÁNDO TOMA FORMA LA POSIBILIDAD DE “COMULGAR EN LA MANO” EN LA IGLESIA CATÓLICA?

El documento fundamental que hizo ello posible no es otro que la instrucción Memoriale Domini, publicada el 29 de mayo de 1969 por la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, una de las nueve congregaciones de la Iglesia.

 “Habiendo pedido algunas Conferencias Episcopales y algunos obispos en particular que se permitiese en sus territorios el uso de poner en las manos de los fieles el pan consagrado, el Sumo Pontífice mandó que se preguntase a todos y cada uno de los obispos de la Iglesia latina su parecer sobre la oportunidad de introducir el rito mencionado”.

El resultado de la votación fue el siguiente.

Fueron propuestas a los obispos tres cuestiones, a las que, hasta el día 12 del mes de marzo último [1969], respondieron del modo siguiente:

¿Se ha de acoger el deseo de que, además del modo tradicional, se permita también el rito de recibir la Sagrada Comunión en la mano? Placet: 567. Non placet: 1.233. Placet iuxta modum: 315. Votos inválidos: 20.

¿Place que se hagan antes experimentos de este nuevo rito en pequeñas comunidades, con el consentimiento del ordinario del lugar? Placet: 751. Non placet: 1.215. Votos inválidos: 70.

¿Piensa que los fieles, después de una preparación catequética bien ordenada, han de recibir de buen grado este nuevo rito? Placet: 835. Non placet: 1.185. Votos inválidos: 128”.

Como se ve, el resultado fue bastante adverso a la reforma, por lo que en vez de imponerla, la instrucción en cuestión se limitó a hacer la siguiente concesión:

 “Si el uso contrario, es decir, el de poner la Santa Comunión en las manos, hubiere arraigado ya en algún lugar,

la misma Sede Apostólica, con el fin de ayudar a las Conferencias Episcopales a cumplir el oficio pastoral, que con frecuencia se hace más difícil en las condiciones actuales,

confía a las mismas Conferencias el encargo y el deber de examinar las circunstancias peculiares, si existen,

pero con la condición de prevenir todo peligro de que penetren en los espíritus la falta de reverencia o falsas opiniones sobre la Santísima Eucaristía, como también de suprimir con todo cuidado otros inconvenientes”.

Con lo cual, se puso en manos de las conferencias episcopales nacionales la potestad de decidir, si los sacerdotes de su jurisdicción podían o no optar por dejar la sagrada forma en las manos de sus fieles, en el caso en el que éstos así lo solicitaran.

Una potestad más, junto a las muchas otras de las que gozan las conferencias episcopales.

Como por ejemplo la de trasladar de día determinadas fiestas o la sustituir los ayunos y abstinencias por otras prácticas penitenciales.

Ha habido después de la instrucción Memoriale Divini alguna nueva referencia al tema.

La más importante quizás sea la de una nueva instrucción, la Redemptionis Sacramentum, de 2004, en la que se hace la siguiente observación que, en realidad, aporta poco a lo ya dicho en la Memoriale Divini,

 “Aunque todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca, si el que va a comulgar quiere recibir en la mano el Sacramento,

en los lugares donde la Conferencia de Obispos lo haya permitido, con la confirmación de la Sede Apostólica, se le debe administrar la sagrada hostia.

Sin embargo, póngase especial cuidado en que el comulgante consuma inmediatamente la hostia, delante del ministro, y ninguno se aleje teniendo en la mano las especies eucarísticas.

Si existe peligro de profanación, no se distribuya a los fieles la Comunión en la mano” (artículo 92).

San Pedro da la comunión a maría

  

LA VIRGEN MARÍA LLAMA A COMULGAR EN LA BOCA EN SUS APARICIONES

En  “Mística Ciudad de Dios”, Sor María de Jesús de Agreda relata su visión sobre cómo fue la primera Misa de los Apóstoles, al octavo día de la Venida del Espíritu Santo, en la misma patena y cáliz en que había consagrado el Señor.

La primera Misa la celebró San Pedro y asistió a ella María Santísima.

En esas revelaciones, se dice que la Santísima Virgen comulgó de mano de San Pedro.
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Observen que dice de mano, no en la mano.

Veamos cómo lo relata:

Con profunda humildad y adoración se prepararon para comulgar.

Y luego dijeron las mismas oraciones y salmos que Cristo Señor nuestro había dicho antes de consagrar, imitando en todo aquella acción, como la habían visto hacer a su divino Maestro.

Tomó San Pedro en sus manos el pan ázimo que estaba preparado, y levantando primero los ojos al cielo con admirable reverencia, pronunció sobre el pan las palabras de la consagración del cuerpo santísimo de Cristo, como las dijo antes el mismo Señor Jesús.

Luego san Pedro consagró el cáliz y con el sagrado cuerpo y sangre hizo las mismas ceremonias que nuestro salvador, levantándolos para que todos lo adorasen.

Tras de esto se comulgó el apóstol a sí mismo y luego los once apóstoles, como María Santísima se lo había prevenido.

Y luego por mano de San Pedro comulgó la divina Madre“.

En muchos otros mensajes a videntes María pide comulgar en la boca, y nunca menciona comulgar en la mano.

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LAS DECLARACIONES DE LOS CONCILIOS

  

De Rouen: El Concilio de Rouén (año 650) prescribe: “A ningún laico, hombre o mujer, sea dada la eucaristía en la mano, sino en la boca.

  

De Bizancio: El Quinto Concilio de Constantinopla (año 691) prohibió a los fieles darse la Comunión a sí mismos (que es lo que sucede cuando la Sagrada Partícula es colocada en la mano del comulgante)

Y decretó una excomunión de una semana de duración para aquellos que lo hicieran en la presencia de un obispo, un sacerdote o un diácono.

  

De Trento: El Concilio de Trento (Dogmático) en fecha 11 de Octubre de 1551, (ses. XIII, c.8) dispuso:

Siempre ha sido costumbre de la Iglesia de Dios, en la Comunión Sacramental, que los laicos tomen la comunión de manos de los sacerdotes, y que los sacerdotes celebrantes comulguen por sí mismos;

costumbre que por razón y justícia DEBE MANTENERSE por provenir de la Tradición Apostólica”.

(El texto se refiere a la comunión en la boca, pues hacía ya muchos siglos que había sido prohibida en la mano.)

  

Vaticano II: No se pronunció sobre la comunión en la mano (auto comunión).

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DECLARACIONES SANTOS, PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA Y DE LA MADRE TERESA DE CALCUTA

  

Tertuliano:(160-220) “…cuidamos escrupulosamente que algo del cáliz o del pan pueda caer a tierra” (De corona, 3 PL 2, 99);

  

San Hipólito(170-235) “… cada uno esté atento… que ningún fragmento caiga y se pierda, porque es el Cuerpo de Cristo que debe ser comido por los fieles y no despreciado” (Trad. Ap. 32.).

  

Orígenes: (185-254) “Con qué precaución y veneración, cuando recibís el Cuerpo del Señor lo conserváis, de manera que no caiga nada o se pierda algo del don consagrado.

Os consideraríais justamente culpables si cayese algo en tierra por negligencia vuestra” (In Exod. Hom., hom. XIII, 3, Migne, PG 12, 391).

  

El mismo Pablo VI comenta así este último texto: «”Consta que los fieles creían y con razón, que pecaban, según recuerda Orígenes, si, habiendo recibido el cuerpo del Señor, y conservándolo con todo cuidado y veneración, algún fragmento caía por negligencia” (Mysterium Fidei, 32).

  

San Cirilo:(315-387) “… recíbela cuidando que nada de ella se pierda, porque dime: si alguno te diese unas limaduras de oro ¿no las guardarías con toda diligencia procurando no perder nada de ellas?

¿No procurarás, pues, con mucha más diligencia que no se te caiga ninguna migaja de lo que es más precioso que el oro y las piedras preciosas?”).

  

San Efrén: (306-373) “Comed este pan y no piséis sus migas… una partícula de sus migas puede santificar a miles de miles y es suficiente para dar vida a todos los que la comen” (Serm. in hebd. s., 4, 4).

  

San Basilio: (330-379) afirma claramente que sólo está permitido recibir la Comunión en la mano en tiempos de persecución o, como era el caso de los monjes en el desierto, cuando no hubiera un diácono o un sacerdote que pudiera distribuirla.

No hace falta demostrar que no constituye una falta grave para una persona comulgar con su propia mano en épocas de persecución cuando no hay sacerdote o diácono” (Carta 93).

Lo que implica que recibirla en la mano en otras circunstancias, fuera de persecución, será una grave falta.

  

S. Agustín: (354-430) Sería locura insolente, el discutir qué se ha de hacer cuando toda la Iglesia Universal tiene ya una práctica establecida.” (carta 54,6; a Jenaro.)

  

San León, llamado el Magno, Sumo Pontífice entre 440-461, en sus comentarios al sexto capítulo de San Juan, habla de la Comunión en la boca como del uso corriente: “Se recibe en la boca lo que se cree por la Fe”.

El Papa no habla como si estuviera introduciendo una novedad, sino como si fuera un hecho ya bien establecido.

  

S. Gregorio: También llamado Magno, Papa entre 590 y 604, en sus Diálogos (Roman 3, c 3) relata cómo el Papa San Agapito obró un milagro durante la Misa, después de haber colocado la Hostia en la lengua de una persona.

También Juan el Diácono nos habla acerca de esta manera de distribuir la Santa Comunión por ese Pontífice.

  

San Francisco de Asís: (1182-1226) “Sólo ellos, (los sacerdotes), deben administrarlo, y no otros.” ( Carta 2ª, a todos los fieles, 35).

  

Santo Tomás de Aquino: (1225-1274) “Porque debido a la reverencia hacia este sacramento, nada lo toca, sino lo que es consagrado; de aquí que el corporal y el cáliz son consagrados, y así mismo las manos del sacerdote, para tocar este sacramento.” (Suma Teológica: Pt. III, Q.82, Art. 3).

Es decir, se falta a la reverencia debida a este Sacramento, cuando lo tocan manos que no están consagradas; doctrina que fue luego confirmada por S.S. Juan Pablo II en Domenica Cenæ.

  

San Pío X “Cuando se recibe la Comunión es necesario estar arrodillado, tener la cabeza ligeramente humillada, los ojos modestamente vueltos hacia la Sagrada Hostia, la boca suficientemente abierta y la lengua un poco fuera de la boca reposando sobre el labio inferior“. (Catecismo de San Pío X).

Y Contestando a quienes le pedían autorización para comulgar de pie alegando que: los israelitas comieron de pie el cordero pascual les dijo:

“El Cordero Pascual era tipo (símbolo, figura o promesa) de la Eucaristía. Pues bien, los símbolos y promesas se reciben de pie, MAS LA REALIDAD SE RECIBE DE RODILLAS y con amor“.

Cuando estaba este santo pontífice en su lecho de muerte, en Agosto de 1914, y se le administró la Sagrada Comunión como Viático, no la recibió, y no le estaba permitido, en la mano: la recibió en la lengua de acuerdo a la ley y a la práctica de la Iglesia Católica.

  

Pío XII:Hay que reprobar severamente la temeraria osadía de quienes introducen intencionadamente nuevas costumbres litúrgicas, o hacen renacer ritos ya desusados, y que no están de acuerdo con las leyes y rúbricas vigentes.” ( Mediator Dei, 17.)

  

Pablo VI: El texto original de la ya mencionada consulta a los Obispos sobre la comunión en la mano, decía: En nombre y por encargo del Santo Padre, me es grato comunicar…” Al leerlo, el Papa dijo al encargado de redactar la carta:

-¿Grato? ¡No me es grato para nada!

Y corrigió el texto de la siguiente forma:

“En nombre y por encargo del Santo Padre, es mi deber comunicar…”

En esa misma carta el Papa corrigió otra frase añadiendo de su puño y letra lo que está en negritas:

“Por mandato explícito del Santo Padre que no puede dejar de considerar la eventual innovación con evidente aprensión

  

Madre Teresa de Calcuta:“…el peor mal de nuestro tiempo es la Comunión en la mano.” (The Wanderer, 23 de marzo de 1982)

comunion de rodillas

  

OPINIÓN DE SAN JUAN PABLO II

Periodista: – Santo Padre, ¿Cuál es su opinión sobre la comunión en la mano?

A lo que el Papa responde:
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Hay una carta apostólica sobre un permiso especial válido para esto.
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Pero yo le digo a Ud. que no estoy a favor de esta práctica, ni tampoco la recomiendo.
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El permiso fue otorgado debido a la insistencia de algunos obispos diocesanos.

Entrevistado por la revista Stimme des glaubens durante su visita a Fulda (Alemania) en Noviembre de 1980.

En su Carta “Domenica Cenæ”, de 24 de febrero de 1980, el Papa dice: “El tocar las Sagradas Especies y su distribución con las propias manos, es un privilegio de los ordenados”.

Y para que nadie interpretase de otra forma estas palabras, tres meses después, ante las cámaras de la televisión francesa, negaba la Comunión en la mano a la esposa del primer ministro Giscard d’Estaing.

En la Instrucción “Inestimabile Donum” de la Congregación para el Culto Divino, sancionada el día 17 de abril del mismo año de 1980, el Papa reitera:

“No se admite que los fieles tomen por sí mismos (auto comunión) el pan consagrado y el cáliz sagrado, y mucho menos que se lo hagan pasar de uno a otro”.

Pero más allá de esta polémica hay malas prácticas en la recepción de la comunión en ambas modalidades.

  

LAS MALAS PRÁCTICAS EN LA RECEPCIÓN DE LA COMUNIÓN

La Sagrada Eucaristía es el Sacramento que contiene el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo bajo la apariencia de pan y vino.

Y por lo tanto debemos recibir la hostia consagrada con respeto.

El comulgante al recibir la comunión debe inclinar su cabeza como un gesto de reverencia y recibir luego el cuerpo de Nuestro Señor de las manos del ministro.

De hecho hay dos formas aprobadas hoy para recibir la sagrada comunión.

Uno es el método tradicional, es la recepción de la hostia en la lengua.

El comulgante da un paso adelante, se arrodilla o se queda parado haciendo una reverencia o genuflexión o el signo de la cruz.
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El sacerdote levanta la hostia y dice “el cuerpo de Cristo” y el comulgante responde “amén”, inclina ligeramente la cabeza hacia atrás, extiende la lengua y la mantiene quieta, y el ministro coloca la hostia en la lengua después de su respuesta amén
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La otra forma es recibir la comunión en la mano.

El comulgante extiende su mano izquierda sobre su mano derecha y se mantiene quieto, mientras el ministro coloca la hostia en sobre la mano.
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Y el comulgante toma la hostia con la mano derecha y se la introduce en la boca en presencia del ministro antes de volver a su banco.

Sin embargo hay malas prácticas sobre las que nos gustaría hablar.

  

Malas prácticas al recibir la comunión en la boca

Aquí podemos encontrar diversas modalidades equivocadas.

El tiburón. Cuando el ministro levanta la ostia para mostrársela al comulgante, este se abalanza con sus dientes hacia la hostia como en una especie de ataque, haciendo que el ministro retroceda para evitar la mordida.

El mordedor. Esta es una variante de la anterior porque no se abalanza sobre la hostia, pero introduces su boca en la hostia y la mano del ministro. Y el ministro puede resultar mordido o simplemente sus dedos lamidos por el comulgante.

El que se balancea. Sigue con tal precisión los movimientos del ministro, que éste no sabe dónde colocar la hostia. El trabajo lo debe hacer el ministro y el comulgante debe extender suavemente la lengua y quedarse quieto.

El que crea confusión. Se arrodilla sobre un pie delante del ministro y luego de para, de modo que confunde al ministro sobre si quiere recibir la comunión arrodillado o parado, en la mano o en la boca.

El comulgante de la lengua reseca. Al sacar la lengua la hostia no queda pegada en ella, y a menudo cae al suelo; por lo que es recomendable humedecer la lengua antes de recibir la comunión.

El comulgante agujero negro. Abre la boca sin sacar la lengua y el sacerdote tiene qué tirar la hostia adentro de su boca, por qué no encuentra la lengua.

El comulgante tragamonedas. Abre poco la boca y es difícil para el ministro insertable la hostia en la lengua.

  

Malas prácticas al recibir la comunión en la mano

El ascensor. Levanta bruscamente la mano cuando recibe la hostia y se choca con la mano descendente del ministro.

El que baja la mano. Presenta sus manos tan abajo que obliga al ministro a doblarse y estirarse.

El jugador de básquetbol. Anticipa la recepción de la hostia y se la emboca en la boca de manera rápida y a veces se cae al suelo.

Al que no se ven las manos. Presenta las manos cubiertas por un buzo o una camisa y el ministro no sabe donde colocar la hostia.

El consumidor de medicamentos. Se tira en la boca la hostia sin ninguna reverencia.

El que tiene un bebé en sus brazos. Extiende su única mano libre y le es difícil embocar a la hostia; por lo tanto esta clase de persona debe recibir la comunión siempre la lengua.

El investigador. Toma la Eucaristía pero no se la pone en la boca y se va al banco a investigarla. Esto está prohibido y el ministro le llamará la atención, porque hay gente que va a las misas a buscar hostias consagradas para ritos satánicos.

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