Los profetizados microchips implantables en los seres humanos siguen su marcha ascendente.

Sin que haya discusión alguna.

El único freno podría estar en su practicidad y en su engorrosa instalación.

Porque los únicos que podrían reaccionar negativamente son las personas que adhieren a alguna religión.

Pero no es seguro que vayan a negarse, debido a la presión social y económica, que probablemente haya cuando se despliegue totalmente esta exigencia.

Los cristianos lo asimilamos con la marca de la bestia que se menciona en el libro del Apocalipsis.

La “marca de la bestia” con que serán marcados los seres humanos se refiere a al pasaje del Apocalipsis 13: 15-18.

“Se le concedió dar vida a la estatua de la bestia, hasta el punto de hacerla hablar y que fueran exterminados todos los que no la adorasen.

Hace, pues, que todos, grandes y pequeños, ricos y pobres, libres y esclavos, se pongan una marca en la mano derecha o en la frente.

Ya nadie podrá comprar o vender si no está marcado con el nombre de la bestia o con la cifra de su nombre.

¡Vean quién es sabio!

El que sea inteligente, que interprete la cifra de la bestia.

Es la cifra de un ser humano, y su cifra es 666”.

Esta marca podría acarrear efectos negativos: desde una discriminación externa hasta un control de los seres humanos desde dentro del propio cuerpo.

 

PROS Y CONTRAS DE LOS MICROCHIPS IMPLANTABLES

Hay argumentos positivos para estos microchips.

Que van desde la practicidad y seguridad del manejo de contraseñas, hasta el mejoramiento de discapacidades de algunos seres humanos.

Los microchips implantables son de gran utilidad para la medicina, piensa nomás en los marcapasos.

Y pueden ayudar a monitorear la ubicación de las personas con la enfermedad de alzheimer.

Puedes inyectártelo debajo de la piel o mediante un tatuaje y nadie lo va a notar.

Usan señales (RFID) de identificación de frecuencia de radio de corto alcance, y pueden transmitir tu identidad a medida que pasas a través de controles de seguridad o entras en un estadio de fútbol.

Puede ayudarte a comprar alimentos en los supermercados o rastrearte si por ejemplo estás secuestrado en un país extranjero.

También respecto a la delincuencia tienen su utilidad, mediante una marca más profunda que la simple pulsera o tobillera, que quienes están en libertad condicional deben usar en algunos países.

Pero también hay argumentos negativos.

Que van desde el ataque a la privacidad, o sea que un poder externo pueda discriminarnos y actuar en contra nuestra.

Hasta la posibilidad directa de manipular nuestras mentes, emociones y cuerpos a través de la intervención en nuestro cerebro.

En la medida que el mundo se está volviendo más electrónico y digitalizado suena razonable que una persona tenga su propia clave de ingreso a todos los lados, que pueda ser grabada en su cuerpo.

Y esto de hecho va a ser difícil de evitar en el futuro.

El inconveniente de esto es que con un chip en nuestro cuerpo pueden rastrear a cada segundo donde estamos y que hacemos.

Por ejemplo a una persona que se sabe es contraria al gobierno podría serle prohibida la entrada a ciertas oficinas gubernamentales.

Y aún más negativas son las potencialidades de los microchips implantables en el cerebro, porque pueden colocar pensamientos y recuerdos espurios en la mente de las personas.
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Hasta inhibir la voluntad o el uso de determinadas partes del cuerpo.

Aunque de hecho el data minning, o sea el cruce de distintas bases de datos, hoy está en condiciones de reconstruir nuestras actividades diarias e incluso nuestro pensamientos y preocupaciones en términos generales.

Esto se inscribe en el desarrollo tecnológico que tiene la meta de controlar a los seres humanos.

Es lo que llamamos la marca de la bestia.

 

EL DESARROLLO TECNOLÓGICO PARA CONTROLAR A LA HUMANIDAD

Hay por lo menos tenemos tres desarrollos actualmente que podrían cumplir los requisitos de la marca de la bestia.

El primer desarrollo son las bases de identificación biométricas de cada persona que, cruzadas con otras bases de datos, mediante la tecnología de data minning, que permiten identificar casi todo sobre una persona.

Desde el estilo de vida, amistades, ideología, tipo de alimentación, salud, etc.

Quien está más avanzado en esto es la India, que está casi culminando una base de datos biométrica de todos sus habitantes, más de 1.3 mil millones.

Y ya se ve el objetivo, porque se están dirigiendo a una sociedad sin dinero circulante (cashless).

Todos los pagos se hacen ahora mediante cuenta bancaria y la clave de acceso es la lectura biométrica de la cara de la persona, como se puede ver aquí.

El segundo desarrollo son microchips implantables en la piel o subcutáneamente en las personas, ver aquí y aquí.

Que permiten identificar a la persona a distancia y cruzarla con otras bases de datos.

Por ejemplo una persona pasa cerca de un censor que detecta quien es (porque tiene implantado su microchip).

Y esta identificación conecta a una gran cantidad de bases de datos que sirve para dar permiso a esa persona a hacer alguna tarea, o para discriminarla para algo.

El tercer desarrollo son los microchips para implantar en el cerebro, para dar alguna clase de órdenes al cuerpo o la mente de la persona.

Por ejemplo se promocionan por el potencial de ayudar a manejar alguna prótesis que se haya instalado en la persona.

Pero tienen potencialmente la capacidad de interferir en los pensamientos, imágenes y recuerdos de las personas, ver aquí, o incluso inyectar medicamentos, ver aquí.

Los más dramáticos son estos microchips porque podrían equivaler a transformar a cada persona en una especie de robot que recibe órdenes externas para actuar.

 

UN MOVIMIENTO SINTOMÁTICO HACIA LA “MARCA DE LA BESTIA”

El New York Times informó que una compañía está implantando microchips bajo la piel de sus empleados.

“El 1 de agosto de 2017, los empleados de Three Square Market, una empresa de tecnología en Wisconsin, pueden optar por tener un chip del tamaño de un grano de arroz inyectado entre el pulgar y el dedo índice.

Una vez hecho esto, el RFID permitirá las tareas de entrar en el edificio de oficinas, pagar por la comida en la cafetería, con un gesto de la mano”.

El proceso de pago o acceso a servicios comenzará de la forma normal, con los elementos de una persona escaneados.

Y cuando llega el momento de pagar o de acceder a algún lugar, por ejemplo, en lugar de entregar su tarjeta simplemente la persona moverá su mano.

Los chips RFID se comunican usando campos electromagnéticos y en este caso pueden leerse desde distancias de hasta 15 centímetros.

La firma Wisconsin, que diseña software, es la primera empresa estadounidense que ofrece a sus trabajadores implantes de microchip.

El presidente ejecutivo Todd Westby dijo que él cree que esto es “la cosa grande siguiente” y él quisiera que su compañía sea parte de ella.

La compañía pagará la factura por los chips, que cuestan U$S 300 c/u.

Los microchips se colocan dentro de una cáscara que es levemente más grande que un grano del arroz.

Ellos son implantados entre el pulgar y el dedo índice de la persona con un instrumento que es similar a una jeringa, durante un “chip party” en la compañía, que comienza el 1 de agosto.

El programa no es obligatorio, pero más de 50 de los 80 empleados de la sede central de Three Square en River Falls, Wisconsin., se habían ofrecido”.

Aunque Westby se apresuró a señalar que los datos de las personas están encriptados y seguros, y que el chip no tiene seguimiento GPS.

¿Y qué pasó un año después?

Un año después del comienzo de la implantación de Microchips la empresa cataloga muy exitoso el programa.

Sam Bengtson, un ingeniero de software de la compañía, dice que ve muy práctico la instalación del chip en su mano y que lo utiliza 10 ó 15 veces al día.

Steve Kassekert, vicepresidente de finanzas, ha dicho que su uso se ha convertido en una parte importante de su rutina, porque se ha acostumbrado a pagar refrescos con un simple movimiento de la mano, e incluso se ha enojado cuando la expendedora de refrescos una vez no le aceptó el uso del RFID.

Y recientemente Patrick McMullan, presidente de Three Square Market, dijo que la idea de instalar los microchips en sus funcionarios le vino de un viaje a Suecia en el 2017.

Dónde vio que se estaba en un proceso rápido de abandono del papel moneda en las transacciones diarias.

La circulación de efectivo disminuyó 40% en los últimos 7 años y Suecia está centrada en los mecanismos para que los pagos sean completamente digitales y seguros.

En su viaje Suecia vio que los suecos están adoptando los microchips sin que exista un debate en la sociedad.

Por ejemplo cientos de viajeros de trenes usan los microchips para abonar.

Un funcionario del tren pasa asiento por asiento con un lector de chips para confirmar si el pasajero pagó.

Y se ha informado que 3000 personas usan los microchips implantables para tener acceso fácil a áreas seguras de edificios.

En este vídeo puedes ver esta información,

Por lo tanto piensa que el uso de microchips implantables es una consecuencia natural para obtener mayor seguridad y practicidad en las transacciones.

Esta declaración de Patrick McMullan es casi una profecía, que indica cómo se dará el proceso de la implantación de microchips en las personas.

Incluso hay expertos, como Stuart Lipoff, que opinan que la incógnita no es si sucederá la implantación masiva de microchips, sino cuando.

Sin embargo podría tener grandes efectos negativos.

 

microchip cerebral

 

LOS MICROCHIPS IMPLANTABLES TIENEN CAPACIDADES INFINITAS DE AFECTARNOS NEGATIVAMENTE

Respecto a la seguridad, si bien es cierto que los teléfonos inteligentes se pueden utilizar para realizar un seguimiento a quien lo tiene, y sus datos personales pueden ser hackeados asustadoramente fácil, siempre se puede apagar el teléfono o no llevarlo consigo todo el tiempo

Pero a diferencia del celular, un microchip está siempre allí, a menos que te lo hayas quitado quirúrgicamente.

Respecto a la confidencialidad, es ponerse en manos de quien tiene acceso al código del microchip; y nadie puede estar seguro de nada.

Por otro lado la implantación del microchip es voluntario en este momento.

Naturalmente, ¿cómo más se puede introducir tal cosa en occidente amante de la libertad individual?

Pero más adelante ¿cómo será?

Hay muchas profecías, entre ellas en la Biblia, que manejan el temor de ser controlado o rastreados por una marca en el cuerpo, como los microchips.

Y hasta fueron materia de cuentos de ciencia ficción.

Una vez que los voluntarios sean mayoría, la minoría se enfrentará a la presión y la persecución.

Y en este proceso sólo los que tengan el microchip podrán “vender y comprar”, como dice la biblia respecto a la marca de la bestia como vimos antes; acceder a lugares, obtener cosas o realizar actividades.

Algunas personas creen que un día no vamos a decidir por nosotros mismos y que los gobiernos empezarán a obligar a la gente a usar implantes, comprometiendo su privacidad y libertad.

Por ejemplo, las personas podrían ser impedidas de acceder a los servicios y beneficios gubernamentales o privados un día si no están de acuerdo en ser implantadas.

Pero luego, el implante del microchip también servirá para discriminar quienes tienen acceso a algo y quiénes no.

Las posibilidades son infinitas.

Todo puede estar bien hasta que los problemas empiezan en algún lugar.

Esto tiene que ser evaluado dentro de la tendencia creciente – y a estas alturas humanamente imparable – de controlar a los seres humanos.

vallas promocionales del gran hermano de orwell

 

EL DESARROLLO DE LOS IMPLANTES CEREBRALES SIGUE ADELANTE SIN DISCUSIÓN PÚBLICA

Los partidarios de esta tecnología de microchips argumentan que

“Cuando los códigos de barras salieron por primera vez a finales de 1960, las personas estaban horrorizadas.

Tenían miedo de ellos y no entendían el concepto.

Hoy en día, son tan comunes que ni siquiera los notamos. Un microchip funcionaría de la misma manera”.

Sin embargo esto no es así, porque un código de barras es algo externo a la persona, en cambio el microchip se implantaría en el cerebro de las personas como ya se ha hecho con los perros.

O sea que estos implantes podrían ser potencialmente dispositivos de lavado de cerebro extremadamente eficaces, que podrían fácilmente ser utilizados para controlar a la gente, de la misma manera que controlar prótesis.

La tecnología de los implantes en el cerebro tienen el potencial de mejorar la vida de las personas con alguna discapacidad.

¿Pero estamos verdaderamente preparados para un futuro en el que personas sanas normales reciban – voluntariamente o no – implantes en el cerebro que podrían tanto “mejorar” la función mental como tal vez incluso disminuirla?

Los posibles efectos negativos y usos siniestros de este tipo de tecnología parecen ser significativos, aunque también parece que hay un montón de gente que estará feliz de tomar el riesgo.

Todo esto se está haciendo en silencio, sin un debate público que oriente a los que toman decisión, quedando como último frente de oposición las religiones, las que son actualmente el blanco de los reingenieros de la raza humana.

Y esto es lo que en parte explica las restricciones de la libertad religiosa y la persecución del cristianismo que vemos en occidente.

Lo más siniestro de esto es que la propia pérdida de libertad probablemente será una elección del consumidor.

Por ejemplo en muchos países se está abandonando el uso de papel moneda y las transacciones se hacen mediante tarjetas electrónicas.

Esto implica resignar una parte importante de la libertad, porque queda expuesto que pago o compro, donde y cuando.

También sucede con los celulares, porque todos sabemos que pueden identificar donde estamos en cada momento, e incluso recientemente se ha divulgado que pueden grabar lo que hablas o ves, aunque no lo actives tú mismo.

Y el caso más notorio es el de las redes sociales, como Facebook, en que los propios consumidores dan información pública sobre sus cosas privadas, sabiendo que van a ser utilizadas para otros fines.

Y en ninguno de estos tres ejemplos ha habido protestas masivas sobre la pérdida de privacidad y libertad.

Debemos pensar que la pérdida de libertad y el aumento de control sobre nosotros es un proceso, como subir paso a paso una escalera que lleva hacia una mayor intromisión en nuestras vidas.

En la medida que aumentan las intromisiones, y nos adaptamos a ellas, estamos cada vez más cómodos con ellas.

Por lo que aceptar que nos implanten un microchip será una decisión activa del consumidor, como vimos en los empleados de Three Square Market.

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