Novena en honor de Nuestra Señora de Altagracia

La fiesta de Nuestra Señora de la Altagracia es el 21 de enero, por lo tanto su novena comienza el 12 de enero.

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh  Madre querida, Virgen dulcísima de Altagracia. Patrona nuestra!
Míranos aquí, postrados en tu presencia, deseosos de ofrecerte
en este novenario el testimonio de nuestro amor y correspondencia
a los innumerables favores que de tus manos hemos recibido tú eres
nuestra Abogada, y como menesterosos venimos a encomendarte
nuestras necesidades. Tú eres nuestra Maestra, y como discípulos
venimos a aprende los ejemplos de tu santa vida. Eres nuestra Madre,
y como hijos venimos a ofrendarte todo el amor de nuestro corazón.
Recibe Madre querida, nuestras alabanzas y escucha atenta nuestras
súplicas. Amén.

(Pida cada uno las gracias que desee obtener de la Santísima Virgen de Altagracia).

 

SUPLICAS

1ª  ¡Oh Madre dulcísima de Altagracia, toda pura e  Inmaculada
desde tu Concepción!, te suplicamos bendigas bondadosa
a nuestros hijos, conservando la inocencia de nuestros niños
y aumentando el amor a la pureza de nuestra juventud.

Ave María……

¡Oh Madre dulcísima de Altagracia, modelo admirable de madres
y esposas cristianas en la humilde casita de Nazaret, te suplicamos
bendigas nuestros hogares, haciendo florecer en ellos la santidad
del matrimonio.

Ave María……

¡Oh Madre dulcísima de Altagracia, que tuviste la dicha de recibir
en tus brazos a tu Santísimo Hijo muerto por nosotros en la Cruz,
te suplicamos nos socorras a todos en la hora de la muerte, para que
muriendo con el nombre de Jesús en los labios y en el corazón,
podamos volar a la gloria de vuestros brazos maternales.

Ave María….

 

Oración final

Virgen Santísima de Altagracia! De todo corazón te agradecemos
las continuas bendiciones que sobre nosotros derramas.
De tus manos y de tu corazón maternal recibimos cada día
el sustento que nos da nuestro Padre del cielo. Tú eres nuestra
defensora en los peligros, nuestro socorro en las necesidades
y nuestra esperanza en los sacrificios de nuestra vida cristiana.

Por tu Corazón Inmaculado queremos tributar a Dios
un himno de acción de gracias por tantos beneficios dispensados.
Te prometemos ¡Oh Madre! Gratitud y fidelidad. Tú reinarás
siempre en nuestros hogares y en nuestro pueblo, donde todos
te veneraremos como a Señora y Madre, haciendo florecer
todas tus virtudes. Haznos dignos de llamarnos tus hijos, a fin
de que sirviendo a Dios y a ti en este mundo, alcancemos
la más alta gracia que nos traes: una muerte cristiana que
nos abra las puertas del cielo. Así sea.

Virgen de Altagracia, Madre y Señora:
En ese día final de tu Novena estamos todo el pueblo de Siruela
a tus pies. Nos cuesta trabajo dejarte. Y por eso continuaremos
visitándote en tu ermita, aunque suponga para nosotros sacrificio,
tiempo y esfuerzo perseverante. Todo lo puede el que ama,
y a amar tú nos has enseñado. Venimos a alabarte por las «maravillas
que ha hecho en ti el Señor, todopoderoso. Por tu Concepción
Inmaculada, por ser Hija de Dios Padre, Templo del Espíritu Santo
y madre verdadera de Jesús, Hijo de Dios.

Por tu privilegio de ser Virgen y Madre Santa, llena de gracia y …
de «Alta Gracia», la más bendita de las mujeres, Corredentora
al pie de la Cruz y Madre de todos los hombres, porque Dios te elevó
al cielo y junto a Él intercedes por nosotros como Abogada, Reina
y Madre de misericordia.

Venimos también a darte gracias: Cada uno de los hijos de Siruela
sabemos los dones que, por tu mediación hemos recibido de tu Hijo
Jesús. Tú has permanecido atenta, cercana y amorosa en nuestros
sufrimientos y alegrías. En nuestras pruebas y apuros que, por ti,
han encontrado solución y luz. En las dificultades de nuestra
convivencia familiar, en la responsabilidad de la orientación
de los hijos y en las enfermedades y achaques de nuestros ancianos.

Tú has sabido, como Madre, de nuestras esperanzas y oraciones
de cada día, de nuestros desconsuelos y protestas, de nuestras vidas
y olvidos de la fe, de nuestros deseos de bien y hechos del mal.
Y siempre has perdonado, comprendido y disculpado. Gracias,
Madre.

Y como hermanos tuyos, pecadores y peregrinos en este valle
de lágrimas, venimos a suplicarte:
«Mostrad, Señora de Altagracia, que sois nuestra Madre», y bendice
a tu pueblo de Siruela: a nuestro párroco, a todas las familias
que vivimos aquí y a las que han formado sus hogares en otras tierras.
Danos la gracia de aprender y practicar aquellas virtudes y dones que
a cada uno nos has dado. Concede a los niños la sencillez, la inocencia
y la alegría. Da a los jóvenes un corazón limpio, generoso,
y emprendedor de nuevas conquistas. Concede a los mayores
perseverancia y paciencia en su esfuerzo diario, en su trabajo,
y sacrificio por el hogar. Otorga a nuestros ancianos serenidad,
acomodación a sus hijos y ejemplo de bondad y de fe.

Señora de Altagracia, haz que todos nosotros, cuanto más te amemos,
más nos acerquemos a tu Hijo, Jesús. Cuanto más te conozcamos,
más aprendamos a amar a Jesús y a permanecer unidos y generosos
como pueblo y como hermanos. Y cuanto más te escuchemos, más
lleguemos a poner por obra las palabras de tu Hijo. Bendícenos a todos,

Madre de Altagracia.

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