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DEVOCIONES Y ORACIONES Oraciones de Sor Josefa Menéndez

Novena a sor Josefa Menéndez

Oración para todos los días

Oh Jesús, que no podéis resistir a las súplicas de un alma que lo espero todo de Vos, danos la fe, la confianza y el abandono que llegan a vuestro Corazón, a fin de que seguros de Vos, obtengamos de vuestra Omnipotente bondad, lo que humildemente os pedimos para vuestra gloria y el advenimiento de vuestro Reino de Amor y de Misericordia.

Oh Jesús, glorificad a vuestro corazón concediéndonos la Gracia (conversión o curación, favor espiritual o temporal) que solicitamos, por intercesión de vuestra humilde sierva Josefa.

( Pedir la Gracia ).

Día Primero:

Mira mi corazón. Este es el libro en que debes meditar. El te enseñará todas las virtudes, y sobre todo, el celo de mi gloria y de la salvación de las almas.

Mira bien mi Corazón. Es el asilo de los miserables, y por consiguiente, el tuyo, porque, ¿ quién más miserable que tú. ?

Mira el fondo de mi corazón. Es el crisol donde se purifican los corazones más manchados y después son inflamados en el amor. Ven, acércate a este horno; deja aquí tus miserias y tus pecados. Ten confianza y cree en Mí, que soy tu Salvador.

Mira aún más mi Corazón. Es el manantial de agua viva. Arrójate en él y bebe hasta apagar tu sed. Deseo y quiero que todas las almas acudan a este manantial para que encuentren en él su refrigerio.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Día Segundo:

¿ No sabes cuál es mi obra? Pues ¡es de amor ¡… Quiero servirme de ti para dar a conocer más todavía la misericordia y el amor de mi Corazón…. Las palabras y deseos que doy a conocer por tu medio excitarán el celo de muchas almas e impedirán la pérdida de un gran número, y comprenderán cada vez más que la misericordia y el amor de mi Corazón son inagotables.

Participa del fuego que devora mi corazón, ¡Tengo sed de que las almas se salven! ¡que las almas vengan a mí! ¡Que las almas no tengan miedo de mí! ¡Que las almas tengan confianza en mí! Yo soy todo amor y el fuego que me abrasa consume todas sus miserias.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Día Tercero:

¡Pobre alma! ¿Empiezas a Dormir? Dentro de poco vendré y no me oirás porque estarás dormida. Desearé concederte una gracia y no podrás recibirla…Y ¿quién sabe si después tendrás fuerzas para despertar? Mira si vas perdiendo alimento se debilitará tu alma y no podrá salir de este letargo…

Almas queridas: pensad que ha muchas las ha sorprendido la muerte en medio de un profundo sueño. Y ¿dónde y cómo se han despertado?

Estas cosas se agolpaban ante mis ojos y en mi corazón en aquellos instantes de mi pasión: ¿Qué haría? ¿Retroceder?…¿ Pedir al Padre que me librara de esta angustia, viendo, por tantos, la inutilidad de mi sacrificio? No; me sometí de nuevo a su voluntad Santísima y acepté el cáliz para apurarlo hasta las heces. Todo para enseñaros, almas queridas, a no volver atrás a la vista de los sufrimientos y a no creerlos inútiles aún cuando no veáis el resultado. Someted vuestro juicio y dejad que la Voluntad Divina se cumpla en vosotras.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Día cuarto:

Miradme, almas tan amadas de mi corazón, dejándome conducir con la mansedumbre de un cordero al terrible y afrentoso suplicio de la flagelación. Sobre mi cuerpo ya cubierto de golpes y agobiado de cansancio, los verdugos descargan cruelmente con cuerdas embreadas y con varas, terribles azotes. Y es tanta la violencia con que me hieren, que no quedó en Mí un solo hueso que no fuese quebrantado por el más terrible dolor… La fuerza de los golpes me produjo innumerables heridas…. Las varas arrancaban pedazos de piel y carne divina… La sangre brotaba de todos los miembros de mi cuerpo, que estaba en tal estado, que más parecía monstruo que hombre.

Padre Nuestro Ave María y Gloria.

Día Quinto:

Cuando los brazos de aquellos hombres crueles quedaron rendidos a fuerza de descargar golpes sobre mi cuerpo, colocaron sobre mi cabeza una corona tejida con ramas de espinas, y desfilando por delante de Mí me decían: ¿Con que eres Rey? ¡ Te saludamos ¡…

Unos me escupían… otros me insultaban… otros descargaban nuevos golpes sobre mi cabeza, cada uno añadía un nuevo dolor a mi cuerpo maltratado y deshecho.

Me revisten de un manto de grana, me saludan como a un rey de irrisión y me tiene por loco.

Yo, que soy el Hijo de Dios, el sostén del universo, he querido pasar a los ojos de los hombres por el último y más despreciable de todos. No rehuyo la humillación, antes me abrazo con ella, para expiar los pecados de soberbia y atraer a las almas a imitar mi ejemplo.

Padre Nuestro Ave María y Gloria

Día sexto:

¡Almas que me amáis¡, ved cómo me han comparado a un criminal, y ved cómo me han rebajado más que al más perverso de los hombres … ¡Oid que furiosos gritos lanzan contra Mí¡ ¡Ved con qué rabia piden mi muerte¡ ¿ Rehusé, acaso, pasar por tan penosa afrenta?. No, antes al contrario, me abracé con ella por amor a las almas, por amor a vosotras y para mostraros que este amor no me llevó tan sólo a la muerte, sino al desprecio, ala ignominia, al odio de los mismos por quienes iba a derramar mi Sangre con tanta profusión.

No creáis, sin embargo que mi naturaleza humana no sintió repugnancia ni dolor… antes al contrario, quise sentir todas vuestras repugnancias y estar sujeto a vuestra misma condición, dejándoos un ejemplo que os fortalezca en todas las circunstancias de la vida.

Padre Nuestro Ave María y Gloria.

Día Séptimo:

Entendedlo almas escogidas, cuando, después de haber pasado por encima de las repugnancias y sutilezas del amor propio, que os sugiere vuestra naturaleza o la familia o el mundo abracéis con generosidad la Voluntad Divina, sólo entonces llegaréis a gozar de las más inefables dulzuras, en una íntima unión de voluntades entre el Divino Esposo y vuestra alma.

¡Almas escogidas ! : vuestra felicidad y vuestra perfección no consiste en ser conocidas o desconocidas de las criaturas, ni en emplear u ocultar el talento que poseéis, ni en ser estimadas o despreciadas, ni en gozar de salud o padecer enfermedad. .. Lo único que os procurará felicidad cumplida es hacer la voluntad de Dios, abrazarla con amor, y por amor unirse y conformarse con entera sumisión a todo lo que por su gloria y vuestra santificación os pida.

Padre Nuestro Ave María y Gloria

Día Octavo:

¡Almas que estáis enredadas en los mayores pecados, si por más o menos tiempo habéis vivido errantes y fugitivos a causa de vuestros delitos, si los pecados de que sois culpables os han cegado y endurecido el corazón, si por seguir alguna pasión habéis caído en los mayores desórdenes, ¡ah!, no dejéis que se apodere de vosotros la desesperación. Mientras el hombre cuenta con un instante de vida, aún tiene tiempo de recurrir a la misericordia y de implorar el perdón.

El demonio, con infernal envidia, les ataca de mil maneras, les inspira desaliento y tristeza, y abultándole sus faltas, acaba por llevarlas al temor y a la desesperación.

Almas que tanto os amo, no escuchéis a este cruel enemigo. Venid cuanto antes a arrojaros a mis pies y, penetradas de un vivo dolor, implorad misericordia y no temáis. Os perdono. Volved a empezar vuestra vida de fervor; recobraréis los méritos perdidos y mi gracia no os faltará.

Padre Nuestro Ave María y Gloria.

Día noveno:

Alma querida: yo te diré lo que has de hacer acude a mi Corazón, pídele que vierta una gota de su sangre sobre tu alma. ¡Ven a Mí! Y no temas por lo pasado. Mi corazón lo ha sumergido en el abismo de mi misericordia y mi amor te prepara nuevas gracias. Tu vida pasada te dará la humildad que te llenará de méritos, y si quieres darme la mejor prueba de amor, ten confianza y cuenta con mi perdón. Cree que nunca llegarán a ser mayores tus pecados que mi misericordia, pues es infinita.

¡Dios Santísimo, en cuya presencia ni los ángeles ni los santos son dignos de permanecer, perdonad todos los pecados que se cometen por pensamiento y por deseos! ¡ Recibid cómo expiación de estas ofensas la cabeza traspasada de espinas de vuestro Divino Hijo! ¡Recibid la Sangre Purísima que de ella sale con tanta abundancia…! ¡ Purificad los espíritus manchados… iluminad los entendimientos oscurecidos, y que esta Sangre Divina sea su fuerza, su luz y su vida. AMËN

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

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DEVOCIONES Y ORACIONES Oraciones de Sor Josefa Menéndez

Oraciones dictadas por Jesús a Sor Josefa Menéndez

¡Padre eterno! ¡Padre misericordioso! ¡Recibid la Sangre de vuestro Hijo! ¡Tomad sus Llagas, recibid su Corazón por estas almas! Mirad su cabeza traspasada de espinas. No permitáis que una vez más esta Sangre sea inútil. Mirad la sed que tengo de daros almas… Padre mío, no permitáis que estas almas se pierdan… Salvadlas para que os glorifiquen eternamente.

 
* * *

¡Padre eterno! Mirad estas almas bañadas con la Sangre de vuestro Hijo, víctima que se ofrece sin cesar; esta Sangre que purifica, consume y abrasa, ¿no tendrá eficacia bastante para ablandar estas almas?

* * *
Dios santo, Dios justo… Padre de infinita bondad y clemencia, que por amor habéis creado al hombre y por amor le habéis constituido heredero de bienes eternos, si por debilidad os ha ofendido y merece castigo, recibid los méritos de vuestro Hijo, que se ofrece a Vos como Víctima de expiación. Por esos méritos  infinitos perdonadle y ponedle de nuevo en estado de recibir la herencia celestial. ¡Oh Padre mío! ¡Piedad y misericordia para las almas!

* * *

Oh Dios infinitamente Santo… Padre infinitamente misericordioso. Os adoro. Quisiera reparar los ultrajes que recibís de los pecadores en todos los lugares de la tierra y en todos los instantes del día y de la noche. Quisiera especialmente, Padre mío, reparar los pecados que se cometen durante esta hora, y para ello, los ofrezco todos los actos de adoración y reparación que os tributan las almas que os aman. Os ofrezco, sobre todo, el holocausto que continuamente os presenta vuestro Divino Hijo, inmolándose en el altar en todos los puntos de la tierra y en todos los momentos de esta hora.  ¡Oh Padre infinitamente bueno y compasivo! Recibid esta Sangre purísima en reparación de los ultrajes de los hombres.
Perdonadles sus pecados y tened misericordia de ellos.

* * *

¡Oh Padre mío!, ¡oh Padre celestial! Mirad las llagas de vuestro Hijo y dignaos recibirlas para que las almas se abran a los toques de la gracia. Que los clavos que taladraron sus manos y sus pies traspasen los corazones endurecidos…, que su Sangre los ablande y los mueva a hacer penitencia. Que el peso de la Cruz sobre los hombros de vuestro Divino Hijo mueva a las almas a descargar el peso de sus delitos en el tribunal de la penitencia.

Os ofrezco. ¡Oh Padre celestial!, la Corona de espinas de vuestro amado Hijo. Por este dolor os pido que las almas se dejen traspasar por una sincera contrición.

Os ofrezco el desamparo que vuestro Hijo padeció en la Cruz. Su ardiente sed y todos los demás tormentos de su agonía a fin de que los pecadores encuentren paz y consuelo en el dolor de sus culpas. En fin, ¡oh Dios compasivo y lleno de misericordia!, por aquella perseverancia con que Jesús vuestro Hijo, rogó por los mismos que lo crucificaban, os ruego y os suplico concedáis a las almas un ardiente amor a Dios y al prójimo y la perseverancia en el bien.

Y así como los tormentos de vuestro Hijo terminaron con la eterna bienaventuranza, así los sufrimientos de los arrepentidos y penitentes sean también coronados eternamente con el premio de vuestra gloria.

* * *

¡Oh Padre amadísimo, Dios infinitamente bueno! Ved aquí a vuestro Hijo Jesucristo que, poniéndose entre vuestra justicia divina y los pecados de las almas, implora perdón.

¡Oh Dios de misericordia!, apiadaos de la debilidad humana, iluminad los espíritus oscurecidos para que no sé dejen engañar y caigan en los más terribles pecados… Dad fuerza a las almas para rechazar los peligros que les presenta el enemigo de su salvación y para que vuelvan a emprender con nuevo vigor el camino de la virtud.

¡Oh Padre eterno! Mirad los padecimientos que Jesucristo, vuestro Divino Hijo, sufrió durante la Pasión. Vedle delante de Vos presentándose como Víctima para obtener luz, fuerza, perdón y misericordia en favor de las almas.

¡Dios santísimo!, en cuya presencia ni los ángeles ni los santos son dignos de permanecer, perdonad todos los pecados que se cometen por pensamiento y por deseo. ¡Recibid como expiación de estas ofensas la cabeza traspasada de espinas de vuestro Divino Hijo! ¡Recibid la Sangre purísima que de ella sale con tanta abundancia!… Purificad los espíritus manchados…, iluminad los entendimientos oscurecidos, y que esta Sangre divina sea su fuerza, su luz y su vida.

Recibid, ¡oh Padre Santísimo!, los sufrimientos y los méritos de todas las almas que, unidas a los méritos y sufrimientos de Jesucristo, se ofrecen a Vos con El y por El para que perdonéis al mundo.

¡Oh Dios de misericordia y amor!, sed la fortaleza de los débiles, la luz de los ciegos y el amor de todas las almas.

* * *

Padre eterno, que por amor a las almas habéis entregado a la muerte a vuestro Hijo único, por su Sangre, por sus méritos y por su Corazón, tened piedad del mundo y perdonad los pecados de los hombres.

Recibid la humilde reparación que os tributan vuestras almas consagradas. ¡Unidlas a los méritos de vuestro Divino Hijo, para que sus actos sean todos de gran eficacia! ¡Oh Padre eterno!  Tened piedad de las almas y no olvidéis que aun no ha llegado el tiempo de la justicia, sino el de la misericordia.

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