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Aunque es clara la escritura igual la quieren cambiar.

La generación que fue formada a partir del Concilio Vaticano II hoy lleva las riendas de la Iglesia.

Y fueron muy permeados por el despliegue de los modernistas, que se apropiaron de lo que llamaron Espíritu del Concilio, instaurando la idea de que la Iglesia debía acompasar su doctrina con la moral del mundo.

Para eso trabajaron denodadamente varios teólogos modernistas en el Concilio.

Hoy esas generaciones se sienten con la fortaleza para realizar algunos de los más grandes cambios, para acompasar a la iglesia con las modas del momento.

Mientras que ven que las generaciones que les siguen no son tan heterodoxas como ellos.

Hoy van por su propósito mayor, el cambio de una parte específica de la doctrina, sobre la cual hay mucha presión de lobbies internos como externos.

Aquí hablaremos sobre cuál es la parte de la doctrina católica que quieren cambiar con más ahínco y que los lleva a eso.

Los modernistas dentro de la Iglesia trabajan para abrirla a las influencias del mundo.

Dicen que hay que oír las mociones del Espíritu Santo y no tomar como central la revelación de Jesucristo, para definir lo bueno y lo malo.

Para ellos, su supuesto Espíritu Santo, se revela más en las modas de la sociedad, a las que hay que incorporar a la doctrina, que en las palabras de Jesucristo en la Biblia.

No importa que la moda incluso contradiga lo que Jesús dijo en la Biblia, porque no consideran que su palabra sea para todo tiempo y lugar, sino que conciben a Jesucristo como un profeta que le hablaba básicamente a su época.

Así por ejemplo mientras Jesús dice que el matrimonio es para siempre, los modernistas dicen que hay que cambiar eso, porque no se ajusta a la realidad actual.      

Jesucristo, San Pablo y toda la tradición bíblica enseñan que la actividad no heterosexual es contraria al plan divino, en cambio los modernistas dicen que eso ya no es válido para nuestra época, hay que cambiarlo en la doctrina.

Por lo tanto, para ellos son las filosofías y las modas creadas por los hombres en cada época, las que determinan la veracidad de la revelación que hizo Jesús, y no Jesús con su palabra testimoniada en la biblia, el que juzga al mundo en cada época.

Esto quiere decir, que para los modernistas, somos los hombres los que estamos a cargo de la historia y no el Señor.

Y es por eso que el Camino Sinodal Alemán quiere incorporar a la doctrina católica las cosas que los laicos y sacerdotes creen en esta época, o sea que lo bueno y lo malo sea juzgado por la moda del momento y no por la palabra de Dios.

Y quiere que lo que predique la Iglesia sea lo que los católicos de nuestra época creen que es lo correcto según su discernimiento, que por supuesto estará contaminado por los valores del mundo.

Pero esto no es solo alemán porque la Iglesia Universal ha puesto como relator general de la reunión de clausura del Sínodo de la Sinodalidad del Vaticano, nada menos que al poderoso cardenal jesuita de Luxemburgo Jean-Claude Hollerich.

Quien ha dicho que el cambio de civilización que estamos presenciando hoy es el más grande desde la invención de la rueda y que la Iglesia debe adaptarse.

Y entonces presenta el gran cambio que los modernistas quieren realizar en la doctrina de la Iglesia.

Dice que la enseñanza de la Iglesia respecto a la sexualidad humana ya no es correcta, por lo tanto hay que cambiar la doctrina bimilenaria de la Iglesia.

El Sínodo Alemán va raudo en esa dirección.

Porque en el mismo momento que Hollerich dijo lo que dijo, el Cardenal Reinhard Marx, el artífice del Camino Sinodal Alemán, expresó que se deberían ordenar sacerdotes no heterosexuales.

Y en ese mismo momento, un grupo de 125 empleados no heterosexuales de la Iglesia alemana ya presentaron la moción al Sínodo de cambiar la doctrina católica sobre la sexualidad humana.

La que fue vista con buenos ojos por las autoridades según las expresiones del presidente de la Conferencia Episcopal Blemana Georg Batzing.  

No sabemos si el Sínodo de la Sinodalidad del Vaticano seguirá ese camino con tanta claridad, pero es un mensaje que causa estupor, que quien ha sido nombrado como Relator General de la Reunión de Clausura, ya haya expresado su opinión sobre la necesidad de ese cambio doctrinal.

Hay poderosos lobbies externos e internos de la Iglesia que piden ese cambio en la doctrina de la Iglesia, no podemos extendernos sobre esto por razones de censura, pero es perfectamente entendible para los católicos despiertos a lo que nos referimos.

La no heterosexualidad no sólo es aceptable sino que se ha puesto de moda en estos tiempos.

Y de hecho, adoptar una actitud relajada hacia todas las formas de la sexualidad humana se ha convertido en la moda entre los católicos progresistas de este momento.

¿Pero es la moda del momento la que debe ser árbitro de la doctrina católica?

Afortunadamente, todavía hay católicos, tanto heterosexuales como no heterosexuales, que no son esclavos de la moda.

Y que pueden ver que el deseo de los cardenales Hollerich y Marx, de basar la enseñanza de la Iglesia en la opinión del momento, es una fórmula para el desastre.

Este criterio fallido ya fue probado en el Concilio Vaticano II, que los modernistas tomaron como rehén, interpretándolo a través de lo que llamaron el espíritu del Concilio.

Y con esa excusa hicieron penetrar dentro de la Iglesia las modas del momento en términos morales y de gustos estéticos.

El canto gregoriano fue reemplazado por música popular, los textos de estudios religiosos fueron reescritos para reflejar las últimas teorías en psicología y sociología, los sacerdotes hicieron un guiño a la anticoncepción y la actividad amorosa fuera del matrimonio, y en general, el clero tomó una actitud mucho más relajada hacia los pecados carnales.  

Sin embargo, esta Iglesia más inclusiva con las modas del momento y más permisiva no logró atraer a los números esperados por ellos.

Por el contrario supuso gran deserción de sacerdotes y religiosos, caída abrupta de las vocaciones y templos menos poblados de laicos que antes.

Y hoy aún siguen sin comprender, que a medida que la Iglesia llega a parecerse al mundo en sus valores morales y en sus expresiones estéticas, el mundo se interesa menos en la Iglesia, no más. 

Cuando las homilías comienzan a sonar como editoriales de periódicos, más y más personas optan por quedarse en su casa los domingos por la mañana y leer el periódico.  

El catolicismo que hoy está vivo y vital es un catolicismo que abraza la verdad católica de todos los tiempos, como respuesta al anhelo del mundo por una genuina liberación humana, una Iglesia de pecadores que lucha por la perfección cristiana. 

Mientras que el catolicismo que agoniza, en todas partes, es la Iglesia de la adaptación al mundo.

Pero curiosamente los obispos formados en esa fantasía de los años ’60 hoy tienen a cargo la Iglesia.

Jesucristo dijo en Su mandato final a los Apóstoles: «Vayan y hagan discípulos enseñándoles a observar todo lo que os he mandado».

Sin embargo los obispos han sido tomados por el famoso enfoque pastoral y no enseñaron todo lo que Jesús había mandado.

Así por ejemplo dijeron a los fieles que podían practicar la anticoncepción y recibir la Sagrada Comunión en pecado si seguían su conciencia.        

Y para ser inclusivos, las homilías y la educación religiosa rara vez han incluido una presentación detallada de las enseñanzas del Evangelio sobre la sexualidad, la indisolubilidad del matrimonio, qué cosas son pecados mortales y muchas otras cosas que van contracorriente de la moda actual del mundo.

Este enfoque no ha conducido a la prometida renovación de la vida cristiana, sino a su marchitamiento.

Y hoy esos católicos malformados en la palabra de Jesucristo en la Biblia y en la doctrina histórica católica, que viven en un mundo que tiene otros valores pero que no son discutidos claramente por la Iglesia, es llamada para que dé su opinión a través de Sínodos, sobre lo que debe creer la Iglesia.

Y entre varios temas, sobre la concepción católica de la sexualidad humana, que es el punto central que poderosas fuerzas quieren cambiar.

En resumen, los modernistas quieren adaptar la doctrina de la Iglesia a la moral del mundo, porque no creen que la palabra de Jesús estampada en la Biblia sea válida para todo tiempo y lugar.

Por eso se apropian del derecho de definir lo que la Iglesia debe creer, para que no se aleje demasiado de los valores del mundo.

Este método de abrirse al mundo ya fracasó a quienes se apoyaron en el espíritu del Concilio Vaticano II y es responsable de muchos de los problemas que tiene hoy la Iglesia.

Entre ellos el enfoque pastoral que aceptó las justificaciones para los pecados de sus fieles, sin avisarles que Jesucristo los había condenado.

Y hoy quieren utilizar la opinión de esos fieles malformados por sus prédicas lavadas, y de teólogos heterodoxos, para lograr su mayor plan, el cambio de la doctrina sobre la sexualidad humana.

Y hay poderosas fuerzas internas y externas que presionan para ello. 

Bueno hasta aquí lo que queríamos hablar sobre cuál es el mayor cambio que quieren lograr los modernistas en la doctrina de la Iglesia.

Y me gustaría preguntarte si conoces sacerdotes y laicos que ya estén proponiendo ese cambio mayor.

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