Cuales pueden ser los síntomas ataque del maligno y cómo defenderte.

¿Alguna vez has sentido alguna angustia que no se te va o un dolor que incluso los médicos no saben de qué se trata?

¿O has estado envuelto en problemas inexplicables con otras personas?

¿O de repente oyes en tu casa ruidos extraños o que las cosas se mueven del lugar?

Si algo de esto te pasa, es porque posiblemente estás sufriendo un ataque del demonio que no llega a ser una posesión, pero que te hace sufrir y te quita la paz.

Este tipo de ataques son los más comunes que realiza el maligno, pero también los más desconocidos para la mayoría de la gente.

En este video queremos hablar sobre cómo son los que técnicamente llaman los exorcistas vejaciones diabólicas, cómo prevenirlas y cómo actuar cuando llegan.

La actividad ordinaria del maligno para atacar a la gente es a través de las tentaciones.

Que nos pone como señuelo para que nosotros nos apartemos de los mandamientos de Dios y pequemos.

Pero hay otro tipo de ataque que es extraordinario, que no sucede a todas las personas como la tentación. Estamos hablando de lo que los exorcistas llaman técnicamente vejaciones.

Las vejaciones son agresiones, ataques físicos o psicológicos.

A veces provocan lesiones, quemaduras, hematomas o, en los casos más graves, fracturas de huesos.

Los casos típicos de vejación son enfermedades sin causa aparente que afectan los órganos internos o las extremidades.

O patologías que provocan dolor en una parte del cuerpo sin signos visibles.

Pero también pueden involucrar dificultad en las relaciones interpersonales, en los afectos o en el trabajo o estudio.

Puede ocurrir, por ejemplo, que una pareja que está casada o comprometida para casarse se separe.

O por el contrario, que dos personas puedan comprometerse aunque sean incompatibles, lo cual dura poco naturalmente.

Otras veces las vejaciones pueden romper amistades y aislar a una persona.

O pueden estar relacionadas con el trabajo, como no encontrar trabajo o, una vez que se encuentra, perderlo.

O dificultades con compañeros de trabajo o con los jefes.

También pueden manifestarse en los sueños, por ejemplo, la persona puede tener terribles pesadillas, soñar con maldecir a sus seres queridos o condenar a Dios, soñar que hace cosas perversas y malvadas.

En otros casos, las vejaciones pueden ser manifestaciones diabólicas dentro de la casa para alterar la paz del individuo.

Quienes son objeto de estos ataques del demonio en sus casas soportan todo tipo de perturbaciones.

Las puertas y ventanas de sus casas se abren y cierran, los electrodomésticos se encienden y apagan y toda la instalación eléctrica funciona mal.

El teléfono suena y no hay nadie al otro lado de la línea, los televisores se sintonizan y apagan solos.

Pero de todas las que hablamos, las peores son las dolencias físicas, a veces muy fuertes, que ningún médico es capaz de diagnosticar y mucho menos de curar.

Según el padre Amorth, son pruebas que sirven para fortalecer la fe y aumentar la humildad y dependencia de Dios.

Son verificables en la vida de los grandes santos y en la tradición de la Iglesia.

Ahora, retén bien esto para identificarlas: las vejaciones diabólicas se manifiestan como desgracias repentinas en el trabajo, en las relaciones con los demás.

Penurias físicas y personales que aíslan a una persona.

Sufrimientos económicos y morales.

Y persecuciones inexplicables donde las personas buenas se vuelven contra la gente buena por un malentendido.

También la lucha y la destrucción actuando en la familia, los matrimonios, los grandes grupos de personas dentro de la Iglesia, en las comunidades religiosas, parroquias.

Perturbaciones físicas en el hogar, heridas y enfermedades físicas inexplicables y no diagnosticables.

Sobre esto último, el padre Amorth relata un caso que atendió.

Él cuenta que un marido, su mujer y un sobrino regentaban un supermercado con la ayuda de dos empleados.

Un día, poco después de haber abierto la tienda, todos sufrieron un persistente dolor de cabeza acompañado de unas manchas negras en los brazos en cuanto pisaban el local.

Las manchas se pusieron rojas, empezaron a dolerles mucho y se extendieron al cuello, los brazos y luego por todo el cuerpo.

Uno tras otro, los aparatos se estropearon: el frigorífico, las cámaras del mostrador, la caja registradora.

Y manos invisibles cambiaban de lugar los productos. La puerta de entrada se atascaba y se abría sola.

Siempre había algo que no funcionaba, pero cuando llegaba el técnico todo iba bien.

Pero una vez que se había ido, reaparecían las averías.

Cuando llamaron al padre Amorth, prometió que iría a bendecir el local, aunque les pidió que antes se confesaran y se comprometieran a seguir un camino de fe.

Después, exorcizó la tienda y a todo el personal para romper cualquier hechizo o maleficio que pudiera haber.

Mientras rezaba, colocó unos vasos con agua bendita y sal exorcizada en varios puntos del establecimiento.

Y al día siguiente, la sal de cinco vasos se había derramado en el suelo, en cambio en otros tres no ocurrió nada.

Dice don Gabriel que había esparcido sal exorcizada por todas partes y habían rezado mucho, repitiendo las renuncias a Satanás, las oraciones contra los maleficios y la renovación de los votos bautismales.

Colocaron bien a la vista una imagen de Jesús misericordioso y el personal adquirió el hábito de rezar una oración todas las mañanas antes de empezar a trabajar.

Después de cuatro exorcismos y muchas oraciones, acabaron todos los fenómenos y trastornos.

También al respecto, el exorcista recordó el caso de una persona que sufría continuos dolores de cabeza sin motivo aparente.

Y otro caso de persistente dolor de estómago en los que la persona afectada no podía hacer nada, ni siquiera dormir por las noches.

Estos fueron resueltos por el padre Amorth, pero muchas veces en casos como estos se hacen análisis y pruebas médicas y no encuentran nada.

El padre Amorth recuerda también que asistió a una chica de 17 años que la habían ingresado en varias clínicas psiquiátricas de Europa y en ninguna le habían encontrado nada.

Su mente sufría mucho; la pobre no lograba razonar, ni estudiar, ni mucho menos concentrarse.

Además, blasfemaba y no quería oír hablar de rezar ni de ir a la iglesia.

Su cuerpo también sufría porque tenía dolores físicamente inexplicables.

Necesitó mucho tiempo para liberarla porque cuanto más tiempo pasa el demonio en un lugar, más raíces echa.

Por eso en el primer exorcismo se le pide ayuda al Señor para desarraigar la presencia del demonio, dijo Amorth.

Todo este tema de las vejaciones nos pone delante de la realidad de que muchos de nosotros hemos soportado la angustia de algún ataque diabólico y no nos hemos dado cuenta.

Pero si somos capaces de permanecer fieles y confiando en Dios, la gracia nos llevará a través del proceso de liberación.

En cambio, si nos rebelamos contra Dios y huimos de Él, nuestra condición empeorará.

Es necesario entonces el fortalecimiento de nuestra armadura espiritual para el crecimiento en la virtud.

Porque Dios dispensa la medicina de pruebas espirituales que se pueden degustar como amargas.

Pero sus prescripciones ayudan a remediar los pecados y fortalecernos.

Porque su gracia es suficiente para ayudarnos a soportar las pruebas y ser victoriosos sobre la aflicción demoníaca.

Para evitar las vejaciones demoníacas, es importante rezar todos los días al Espíritu Santo y pedir la gracia y el carisma del discernimiento de espíritus.

Los sacramentales como el agua bendita, la sal y el aceite exorcizados, el detente con el Sagrado Corazón de Jesús, la asistencia frecuente a los sacramentos y refugiarse en el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen, sirven de mucho para evitar las vejaciones demoníacas.

También es útil asistir a misa de sanación y a grupos de oración de liberación.

Bueno, hasta aquí lo que te quería contar sobre cuáles son los síntomas de las vejaciones diabólicas y cómo combatirlas.

Y me gustaría preguntarte si a ti o a alguna otra persona conocida le ha sucedido algún tipo de vejación diabólica como las que hemos mencionado.

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